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«Nuestra Universidad necesita una regeneración democrática»

El aspirante, Javier Marrero, ofrece más «diálogo» y exige la sustitución del Contrato-Programa por un Plan Plurianual de Financiación y «alzar la voz» para reconducir la adaptación de Bolonia

Día 12/04/2011

El catedrático de Didáctica Javier Marrero no es nuevo en esta plaza, ya que fue vicerrector durante el mandato de José Gómez Soliño entre 2001 y 2003, y aunque no niega éxitos en la gestión del actual rector, cree que hay otra manera de hacer las cosas. «El hecho de que concurran dos opciones electorales contribuye indudablemente a fomentar el debate constructivo y estimular la participación democrática de los miembros de la comunidad universitaria», señala. Su programa gira en torno a tres grandes bloques: la financiación, la readaptación del Plan Bolonia y la reforma estatutaria.

En cuanto al primero, indica que el contrato-programa «es muy restrictivo», y encima, el Ejecutivo de Rivero ni siquiera ha logrado cumplirlo, recortando la financiación prevista en unos 12 millones de euros. «Está claro que no es el sistema más adecuado ni en su concepción, ni en su desarrollo. Hay que sustituirlo por un Plan Plurianual de Financiación de carácter deslizante y con aprobación parlamentaria, que resguarde los acuerdos de las contingencias gubernamentales», apunta. Sobre el segundo bloque, indica que las reformas «tienen frustrada e irritada a una amplia mayoría de la comunidad universitaria», ya que la elevada carga burocrática, el incremento horario y la falta de financiación adecuada, «están creando una burbuja pedagógica que amenaza con hacer descarrilar todo el proceso, corremos el riesgo de que todo este frenesí se convierta en una ficción». Si sale elegido rector, subraya que alzará su voz «en el Consejo de Universidades y en la Conferencia de Rectores de las Universidades Españoles».

El fracaso de la reforma estatutaria lo asume como un fracaso de toda la comunidad universitaria, no solo del equipo de Doménech, ya que ha habido «falta de compromiso institucional y voluntad de consenso». No obstante, sí considera que han fallado en la forma de dirigir el debate. Así, plantea un nuevo estilo «integrador, transparente y participativo, dialogante, que busque el encuentro y el consenso, más allá del intercambio de opiniones, comparto, en este sentido, la extendida convicción en la comunidad universitaria de que esta Universidad necesita una regeneración democrática».

Acción cultural

Pero hay más: internacionalización de la universidad; empleabilidad de los egresados; fomento del compromiso social; acción cultural (con especial atención al patrimonio artístico, la oferta de viajes de estudio formativos, y la implantación de diplomas culturales para cursos de estudios no reglados sobre materias de interés general); la sostenibilidad dentro de la institución; el fomento de la igualdad; el desarrollo de la conectividad y de la potenciación de las tecnologías de la información.

Marrero también está muy preocupado por la investigación. «Salvando la muy buena labor llevada a cabo por nuestros investigadores, hemos de concluir que la situación de la ULL no es buena y que en los últimos cuatro años ha empeorado gradual y paulatinamente, como evidencia la pérdida de financiación por productividad científica en el Contrato-Programa», comenta. ¿Cómo solucionarlo?, con cinco medidas: un plan de apoyo a grupos de investigación emergentes; un programa de captación de estudiantes para la realización de tesis doctorales; planes de intensificación en la labor investigadora, reconociendo esta actividad en el cómputo de la dedicación; un plan de renovación de infraestructuras de bajo coste y contribuir a la constitución del Parque Tecnológico de Tenerife.

Con respecto a las infraestructuras, señala que algunos edificios están en una situación francamente mejorable, caso de la Facultad de Biología y el edificio central del Campus del casco lagunero. En su opinión,la construcción de la nueva Facultad de Educación también es inaplazable.

No oculta, con todo, el creciente paro universitario desatado con la crisis económica. Asegura que España, y Canarias en particular, debe «reflexionar» sobre los modelos de cualificación profesional existentes y buscar un mejor «equilibrio» entre los niveles medios y superiores. No obstante, descarta que la universidad en general esté en crisis por este motivo, aunque sí está convencido de la necesidad «de estar mucho más atentos a las necesidades de las sociedades en que vivimos a la hora de decidir sobre las titulaciones que debemos ofrecer a nuestros ciudadanos». Por ello, apoyará y potenciará los actuales programas que fomentan la emprendeduría y la inserción laboral «y estaremos atentos para que los programas de prácticas y postgrado sean profesionalmente eficaces». Acerca de la irrupción de la universidad privada, y a diferencia de Doménech, cree que puede ser un «acicate», aunque defiende la «garantía» de la enseñanza pública, y estará vigilante «para que no haya desvíos de fondos públicos».

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