Greg Doran, director asociado de la Royal Shakespeare Company (RSC), reveló en mayo de 2007, con motivo de una visita a Madrid de la compañía, la existencia de un texto de William Shakespeare basado en un episodio del Quijote. La primera idea de la RSC era realizar una coproducción con el festival de Almagro, con actores bilingües, y que se estrenara en Gran Bretaña y España. Por recomendación del entonces director del certamen castellano-manchego, Emilio Hernández, el dramaturgo cordobés Antonio Álamo entró en el proyecto como puente entre Shakespeare y Cervantes. La coproducción no pudo llevarse a cabo finalmente, pero la compañía inglesa insistió en sacar a la luz ese texto, cuyo original —que el dramaturgo británico escribió, al parecer, junto a su colaborador John Fletcher— se quemó probablemente en el gran incendio sucedido en Londres en 1666. La obra, según se registra en la Biblioteca Bodleiana de Oxford, se habría estrenado en junio de 1613.
La historia de este complejo texto es «alambicada», dice Antonio Álamo. «Conocemos la obra a través de la edición que Lewis Theobalt, uno de los más importantes editores de Shakespeare de aquella época, realizó en 1727». Theobalt acostumbraba, explica el dramaturgo español, actual director del teatro Lope de Vega de Sevilla, a reelaborar y modificar los textos, y estrenó la obra —según sus propias palabras, se basó en tres manuscritos— con el título de «The double falsehood» («La doble falsedad»). «Es un texto escrito a tres manos —sigue Álamo—, porque Theobalt reelaboró lo escrito por Shakespeare y Fletcher. Hay cosas que evidentemente llevan el sello de su autor original, pero hay otras cosas que no encajan: es un texto muy breve y evidentemente incompleto, del que faltan escenas de pura esencia dramática presentes en la novela y que es improbable que Shakespeare no utilizara».
Antonio Álamo ha trabajado conjuntamente con Greg Doran, director del espectáculo, que se estrenará el próximo 16 de abril en el Swan Theatre de Stratford-upon-Avon, dentro de las celebraciones del cincuentenario de la Royal Shakespeare Company. Su labor, relata, ha sido «reimaginar» el texto original y hacerlo «lo más cercano posible a lo que creemos que hubiera escrito William Shakespeare. Hemos querido limpiarlo y recrear la obra original».
Traducción de Shelton
Para esta «reimaginación», Álamo y Doran han encontrado una ayuda inestimable en la traducción del Quijote que hizo Thomas Shelton en 1612, la primera versión en otro idioma de la obra de Cervantes. «Es una traducción canónica y ejemplar —dice Álamo—. Borges decía, con un punto de excentricidad, naturalmente, que prefería leer el Quijote en la versión de Shelton que en el original».
La elaboración de este nuevo «Cardenio» ha tenido, dice Álamo, «lógicas dificultades, sobre todo por la necesidad de compatibilizar la prosa de Cervantes con los versos endecasílabos de Shakespeare. Pero el texto de Shelton posee una gran riqueza y, al ser contemporáneo del autor británico, tiene un lenguaje similar que nos ha facilitado mucho el trabajo».
La historia de «Cardenio» es una de las «novelas interpuestas» del Quijote y aparece en la primera parte del libro. Según Álamo, «es la mejor de las historias. A mí, particularmente, me fascina. Cardenio interactúa con Don Quijote y Sancho Panza, y aparece a lo largo de seis capítulos. Es una historia de locura y amores cruzados, contada desde distintos puntos de vista, absolutamente moderna e incluso cubista. No es extraño que Shakespeare, que parece que conoció el Quijote apenas dos años después de su publicación, se fijara en este personaje».


