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Cultura / LA DOLCE VITA DE...

Fundido en negro

Fernando R. Lafuente presenta un sugerente menú semanal literario, cinematográfico y gastronómico

Día 01/04/2011 - 11.34h
Fundido en negro
 
Casa Perico fundada en 1942

«El destino siempre te pone la zancadilla», confiesa, con un aire desasosegador, el protagonista de una de las cumbres del cine negro Detour. Y el destino es implacable para los personajes que saltan de la novela, del «thriller» a la pantalla. Léo Malet (1909-1996) es un descubrimiento para el lector. Un joya pulida por el paso del tiempo. Creador de la novela «noir» francesa, su heterodoxo detective, Nestor Burma es ya una referencia esencial en los trasuntos de los crímenes, la ambición, las diversas traiciones, las tramas políticas y los robos sin resolver. Fumador empedernido, antiguo anarquista, vive en un París de postguerra en donde los existencialistas se cruzan con delincuentes de guante blanco, muchachas erráticas, burgueses corruptos, borrachos a doquier y policías envueltos en la cotidiana rutina del orden y el aburrimiento.

Fundido en negro
 

Las novelas de Malet, ésta, «Ratas de Montsouris» (1955), son formidables, allí están todos, bajo la atenta y cínica mirada de Nestor. Ésta y las anteriores publicadas aquí, «Niebla en el Puente de Tolbiac» (1956) y «Calle de la Estación, 120» (1942), las tres absoluta, fervorosamente recomendables. Otra forma de ver la vida. Y hace tanta falta hoy. Malet regala una lectura tan grata como alejada de la turbamulta cercana que nos rodea. Va de Francia. Y eso que uno es declarada, condenadamente anglófilo, pero lo bueno es bueno allí donde aparece.

Fundido en negro
 
«En el centro de la tormenta»

La película es un pequeña obra maestra, que pasa, estos días, inadvertida y sería lamentable. «En el centro de la tormenta», del gran Bertrand Tavernier («Capitán Conan», por ejemplo). Ahora la historia no transcurre en las melancólicas calles de París, sino en la tórrida Louisina, con lo ecos de Faulkner, con los mitos y las obsesiones sureñas: la guerra civil perdida, el racismo crónico, el insufrible calor, los enigmáticos y tenebrosos pantanos, la profunda decadencia de una tierra violenta y cansada. Tavernier rueda milimétrico, preciso, se aprecia el cuidado de cada escena. La trama contada a través de la imagen es soberbia, el relato clásico, y la investigación que mueve la acción se cierne en los pasos contados de algo repetido y, sin embargo, cinematográficamente impecable. Excepcional Tommy Lee Jones.

Y, después de tanto fundido en negro, a cenar. A Casa Perico, el festín de la cuchara, el apoteosis del fogón. Fundada en 1942, con Perico al frente y la familia al lado, el potaje, las lentejas, la ensaladilla, la tortilla castiza, las chulaponas de cordero o los andarines de pollo, con la laminada de ternera son un recuerdo de la vieja advertencia de Oscar Wilde: «Resisto cualquier cosa menos la tentación». No hay quien se resista en Casa Perico a no comer bien, a pegarse un homenaje. Con una bodega tan completa, como precisa será la elección de Perico para el vino, comer es una metáfora de la fiesta. Ahora que la calle, ya, la llenan restaurantes de diseño, el retorno a las esencias es un premio, casi, clandestino. Como el fundido en negro.

Para leer

«Ratas de Montsouris», de Léo Malet. Libros del Asteroide, Barcelona, 2011, 16,95 euros

Para ver

«En el centro de la tormenta». Dir.: B. Tavernier. Int.: T. Lee Jones, J. Goodman, P. Sarsgaard. EE.UU. Francia 2009

Para comer

Casa Perico. Ballesta, 18. Tl. 91 532 81 76. 2004 Madrid. De 18 a 30 euros. Cuchara, vinos y casticismo.

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