Canarias

Canarias / VIVIENDO EN SAN BORONDÓN

Sensibilidades ante la tragedia japonesa

Lo peor del caso es que algunos tertulianos se pronuncian como si realmente entendieran algo del asunto nuclear

Día 21/03/2011

Es evidente que una parte importante del mundo se ha estremecido ante la tragedia que está viviendo el Japón. Pero no a todo el mundo se le encoge el alma por las mismas razones.

«El mundo atento a Fukushima», refiriéndose a la radiación nuclear, es el titular del periódico «El País» del 17 de marzo y de igual tenor en otros medios de comunicación e Internet. Parece que ya han olvidado que, a día de hoy, la auténtica tragedia es la muerte de decenas de miles de personas.

Se está poniendo el acento emocional en un accidente nuclear al estilo Chernobyl que conviene resaltar, a día de hoy, no se ha producido y que casi todos esperamos y deseamos que no se produzca. Es de pura lógica, sentido común y responsabilidad que políticos y técnicos se preocupen de los problemas que puedan surgir mañana, pero sin relegar a un segundo plano la auténtica tragedia que está viviendo el Japón hoy: el inmenso dolor por las víctimas humanas. Una reacción similar de potenciar lo secundario ya se tuvo cuando las Torres Gemelas de Nueva York fueron atacadas y justo al día siguiente un periódico tituló a cuatro columnas: «El mundo en vilo a la espera de las represalias de Bush», «Sello inconfundible del conflicto árabe-israelí» («El País», 12 de septiembre de 2001).

En algunas televisiones canarias se ha podido ver pseudoencuestas a pie de calle donde muchas personas se manifestaban preocupadas porque llegara a nuestras costas la ola del tsunami japonés, sin que esas mismas cadenas se hubieran molestado en mostrar un mapamundi donde se pudiera recordar que Japón está en aguas del Océano Pacífico mientras que Canarias está en el Atlántico, con un continente de por medio. Es el «ecoalarmismo», esa enfermedad tan de moda ahora y antes que lleva a muchas asociaciones de vecinos, por ejemplo, a aplaudir con las orejas que Las Palmas de Gran Canaria sea una ciudad Wi-Fi mientras se manifiestan a la vez frente a las antenas de telefonía móvil.

Lo peor del caso es que algunos tertulianos y columnistas de los medios se pronuncian solemnemente como si realmente entendieran algo del asunto nuclear. Y cuando se pregunta a un especialista o físico nuclear y este se manifiesta favorable a este tipo de energía, aportando datos reales y no leyendas urbanas, se le descalifica como «vendido» o «comprado».

Por último, es oportuno recordar que lo malo de la energía atómica no es la radiación en sí misma, sino la dosis que un ser humano puede absorber sin riesgo ponderable y cierto para su salud. Por ejemplo, en casi todos los hospitales hay un servicio de medicina nuclear que presta a los enfermos que lo necesitan el tratamiento de radioterapia, radiactividad pura, tal como su nombre sugiere.

Paul Watzlawick, en su excelente librito «Lo malo de lo bueno», ofrece un capítulo que titula «Dos veces lo mismo es el doble de bueno», una de las más clásicas trampas de Hécate, la diosa del destino en Macbeth: «Si una dosis de medicina es buena, dos será excelente. El paciente entró intoxicado en el hospital». Creo que es suficientemente ilustrativo…

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