Pablo rebuzna de felicidad. Y no es para menos. Está en el Paraíso del Burro. Llegó allí el martes pasado después de que el Servicio de Recogida de Animales del Ayuntamiento de Gijón lo rescatase del solar del club de alterne Horóscopo, en la avenida de Oviedo. Su propietario le había dejado allí atado. Se desconocía su paradero.
Tres semanas antes de que lo encontrasen al lado del club nocturno, la Policía Local lo localizó en el barrio de El Llano tirando de un carro. El dueño, conducía ebrio. Los agentes le inmovilizaron el carromato, tal y como ordena la ley para cualquier tipo de vehículos.
Pablo lleva el nombre de pila del artista Picasso «porque cuando llegó nos recordó al caballo blanco del Guernica», explica Mónica Fernández, una de las voluntarias de la entidad benéfica ubicada en Arobes, en el concejo de Parres, que acoge burros abandonados. Tienen 22. «Aquí están encantados y además se socializan unos con otros. A Pablo los primeros días le costó porque estaba acostumbrado a estar solo, pero ya está mucho más a gusto», dice.
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