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El «caso Vigalondo» y los deslices antisemitas de la prensa española

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Los comentarios del cineasta, que han llevado a «El País» a retirar una campaña de imagen, se suman a otras viñetas y artículos de prensa que en el pasado banalizaron el Holocausto

Día 17/02/2011 - 19.42h
La polémica suscitada hace unos días en torno a la decisión de «El País» de suprimir una campaña de promoción protagonizada por el cineasta Nacho Vigalondo tras realizar unas manifestaciones jocosas sobre el Holocausto en su cuenta de Twitter ha vuelto a reabrir el debate sobre los deslices antisemitas en los que, en ocasiones, incurren los medios españoles.
El «caso Vigalondo» y los deslices antisemitas de la prensa española
Viñeta de Manel Fondevila publicada por el diario «Público» en junio de 2009 (Fuente: Observatorio de Antisemitismo)

Las hemerotecas ofrecen numerosos ejemplos, todos ellos tienen como denominador común la exageración y ridiculización de determinados rasgos de la cultura judía. Uno de los más recientes lo encontramos en junio de 2009 en el diario «Público». Su autor, Manel Fondevila, plasmó en una viñeta una clara simbología religiosa antisemita: un personaje que reúne todas las características del arquetipo negativo de un judío (nariz en forma de gancho y vestimenta ortodoxa) crucifica al nuevo mesías Barack Obama. A sus espaldas, el Estado Palestino, representado por un aparato de radio, del que salen palabras como «paz, amor, concordia…».

La publicación de este dibujo levantó ampollas en la comunidad judía en España y llevó al jefe de Opinión de este diario, Marco Schwartz, a hablar personalmente con el embajador de Israel, Raphael Schutz, para trasladarle una explicación al respecto. «Le comentó que, aunque a nosotros no nos gustaba el dibujo por los términos en que se presentaba, era una opinión personal y firmada de un colaborador y que respetábamos a todos nuestros opinantes», explica el director de «Público», Jesús Maraña, en declaraciones a ABC.

Las palabras de Schwartz no calmaron los ánimos y el portavoz de la Embajada de Israel, Lior Haiat, decidió publicar en su blog un artículo muy crítico con los responsables del diario, a quienes no dudó en calificar como «terroristas de pensamiento». Maraña, según cuenta, envió inmediatamente una carta al embajador y a la ministra de Asuntos Exteriores expresándoles su malestar por esos comentarios. «Schutz no sólo no se disculpó, sino que suscribió punto por punto lo que su portavoz había publicado en el blog. Y ahí quedó el asunto. Por el momento, no sabemos cómo se resolverá».

Un símbolo recurrente

La crucifixión de niños palestinos sobre símbolos israelíes también ha sido utilizada por varios dibujantes. En «El Periódico de Cataluña» se publicó una viñeta con este motivo el 6 de octubre de 2000, pero no ha sido la única. El diario catalán ha publicado varios dibujos que han sido acusados de banalizar el Holocausto, con Miquel Ferreres como autor de la mayoría de ellos. Uno de los que levantó más polvareda fue el que apareció en la edición del 15 de marzo de 2002, en el que se establecía un paralelismo entre los atropellos de los soldados nazis a la población civil judía en el gueto de Varsovia y los desmanes de las tropas de Israel contra los residentes en los territorios ocupados de Ramala.

El entonces embajador de Israel, Herz Inbar, se vio obligado a enviar a «El Periódico» una carta de protesta, que fue respondida después con una larga columna del director, en aquel momento, Antonio Franco, donde, lejos de disculparse, justificaba la publicación de la viñeta. También el colaborador de ABC Francisco Martín Morales hizo referencia a un presunto Holocausto palestino en un dibujo publicado en nuestro diario el 15 de diciembre de 2001, denunciado en su día también por la comunidad judía en España.

Pero no siempre se ha recurrido al humor para ridiculizar el exterminio del pueblo judío durante la Alemania de Hitler. Varios artículos de Antonio Gala en su sección diaria «La Tronera» de «El Mundo» recogen una visión antisemita muy acentuada, en opinión de las fuentes consultadas. Como muestra, el que publicó en abril de 2008 titulado «Holocaustos», en el que acusaba a Israel de cometer otro holocausto con los palestinos.

En ABC, Miguel García de Mora escribió «Aquella réplica atroz de la crucifixión de Cristo...», una tribuna de opinión aparecida el 28 de marzo de 2002 y en la que se hacía eco de la muerte del Santo Niño de La Guardia (Toledo) a manos de «unos judíos falsos conversos que le condenaron a morir en cruz como procedía, cumpliéndose así todo el alevoso proceso del drama de Palestina, ya que los asesinos tuvieron siempre la intención de calcar lo más fidedignamente posible el prendimiento, juicio y muerte de Cristo».

Aunque niega que exista antisemitismo en la prensa española, David Hatchell, vicepresidente de la Comunidad Judía de Madrid, cree que estos ejemplos son el reflejo de una predisposición que han alimentado los periódicos en los últimos 20 años a ofrecer una información sobre el conflicto en Oriente Medio en la que se presenta a Israel como el «culpable de todo lo que ocurre en esta zona». Así, la imagen que se traslada repetidamente del Estado israelí es la de «una sociedad religiosa muy radical y conflictiva». Su principal reproche es que, admitiendo que es legítimo criticar una determinada política de Israel, lo que no se puede aceptar, a su juicio, es que «se ponga en entredicho su legitimidad de existir como Estado».

«Se tienen que ajustar a la realidad»

En esta confusión conceptual entre la cultura judía y las políticas del Estado de Israel parece residir la causa de los deslices antisemitas. Hatchell tiene muy claro que los medios españoles vienen tomando partido en el conflicto: «Ven a Israel como el gran mal de la zona y piensan que si no existiera se acabarían todos los problemas. Esto no tiene ningún sentido», afirma contundente. «Los periódicos tienen que informar y dar un contexto histórico que se ajuste a la realidad y deben ser consecuentes y tratar a Israel como a otras minorías u otros estados».

Por su parte, Jesús Maraña no comparte la opinión de Hatchell. Es más, considera que algunas instancias, especialmente la Embajada israelí en España, no admiten ninguna crítica hacia Israel. «Estos señores no distinguen la crítica y la libertad de expresión e información», subraya. A su juicio, los periódicos españoles no son antisemitas. Y va más allá al asegurar que, en todo caso, «lo que existe es una desproporción entre quienes defienden a Israel y aquellos que, como yo, lo que decimos es que hay que tener en cuenta todos los factores en el conflicto». «Los periódicos nos limitamos a contar los hechos (se refiere en este sentido al episodio de la Flotilla) y es legítimo que hagamos críticas a unas políticas». El problema, insiste, es que no se aceptan y la presión que, según dice, ejerce la Embajada es «insoportable». «Su política de comunicación no es de comunicación, sino de presión».

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