La crisis económica por la que pasa España está provocando un aumento en el movimiento en las estaciones de Metro de Madrid. Pero no se trata de pasajeros comunes. En verdad, son hombres y mujeres que se quedaron en paro y ahora intentan ganarse la vida haciendo actuaciones musicales en los pasillos y trenes. En la mayoría de los casos, los instrumentos que antes solo eran utilizados en los momentos de diversión, se convierten en importantes herramientas de trabajo que garantizan el pan de cada día.
«Trabajaba hace 14 años como motorista de una empresa que, por causa de la crisis, se fue a pique y cerró. Como no conseguí empleo en ningún otro lugar, no tuve otra opción: solo coger mi guitarra y bajar a las estaciones de Metro para hacer presentaciones musicales con mi mujer», cuenta Nacho Martín, que desde hace un año está desempleado.
«Nuestra suerte es que mi marido aún cobra el paro (800 euros por mes); si no, no te sabría decir como íbamos a sobrevivir teniendo que pagar el alquiler del piso y comprar comida con lo que ganamos», dijo Ana Belén Fernández que, hace un par de años, fue despedida de la empresa de telemarketing en donde trabajaba. Entre los dos, la pareja gana entre 15 y 20 euros por día con sus actuaciones.
La saturación de músicos en las estaciones de Metro es una realidad que también ya ha sido percibida por quienes trabaja allí desde hace muchos años. «Esta es una consecuencia natural de la crisis. Sin empleo, mucha gente está bajando a las estaciones para "trabajar". Ahora mismo ya se está poniendo difícil encontrar un lugar en donde no haya nadie. En algunas estaciones, si llegas a las 6,00 de la mañana ya hay gente», revela el ecuatoriano Aníbal Chicaiza, que desde hace 11 años vive como cantante en el Metro de Madrid.
«Ya no hay espacio para tantos»
Según los músicos, las estaciones más concurridas de la ciudad son Sol, Pacífico y Avenida de América. Pero es posible encontrar gente actuando en la mayoría de los puntos de embarque y desembarque de pasajeros. «Son muchos y ya no hay más espacio para tantos en las estaciones. Todavía, como no tenemos otra opción, continuamos con la esperanza de que todo se arregle en un par de años, tal vez. Y que la economía vuelva a ser como en el año 2000, donde había fuentes de trabajo para todos», recuerda el músico Iván Migu, sin empleo desde hace un par de años.
A pesar del sonido que hacen con sus instrumentos, a los ojos y oídos de muchos pasajeros los músicos pasan desapercibidos. Casi invisibles. Nada que los desanime, todavía. «No pasa nada. Si estamos aquí, es porque lo necesitamos. Nadie tiene obligación de saber los motivos que nos trajeron aquí. Pensando así, es más fácil seguir la vida», resume el cantante Juan Pablo Montoya.



