Con la entrega anoche de los premios ABC de Arte en el Museo ABC de Dibujo e Ilustración (el galardón de este año fue para Regina de Miguel) se dio el pistoletazo de salida a la celebración de los treinta años de ARCO. Comienza la «era Urroz». Había curiosidad por ver si le ha dado tiempo a hacer «su» ARCO. Horas antes de la apertura, nos colamos en los pabellones 8 y 10 de Ifema. Aún hay muchos embalajes por los pasillos, mucha escalera, mucho clavo... y ningún coleccionista a la vista. No llegarán hasta hoy los invitados más esperados. Aunque ya hay quien ha comprado. Es el caso de la galerista Helga de Alvear, que regresa al programa general de ARCO tras un año de ausencia. Coleccionista impenitente, ha comprado a sus colegas obras de Feldmann, Aballí, Francesc Ruiz, Mat Mullican, Juan Luis Moraza... Con veinte helgas se acaba la crisis. «Tengo que ayudar a ARCO», dice.
Lo primero que llama la atención es que la feria es este año mucho más manejable. Y es que 9.000 metros cuadrados menos se nota. Los espacios están mucho más ordenados que en ediciones anteriores, el país invitado (Rusia) no ocupa un espacio tan protagonista como otros años, y las instituciones (muchas menos) quedan al fondo de ambos pabellones. ¡Y la dichosa moqueta ya es historia! Pasillos amplios, grandes zonas de descanso... Un montaje, en suma, que invita a ver las piezas. Y se supone que también a comprar. Que de eso se trata en una feria. Por poner un «pero», la excesiva publicidad de una marca de ginebra en el nuevo y azul espacio VIP de ARCO: una coctelería. No está mal pensado... Con dos ginebras de más se afloja más fácil la cartera. Pero es que hay otro espacio patrocinado por una marca de cerveza. Si no podemos comprar, al menos saldremos contentos de la feria este año.
Grandes formatos
¿Qué obras podemos ver en el trigésimo aniversario de ARCO? No hay grandes sorpresas. Quizá eso sea bueno. Más arte de calidad y menos fuegos de artificio. Las galerías no han escatimado ni en metros cuadrados ni en grandes obras en sus «stands». Lo de grandes, literalmente, porque muchas apuestan por formatos enormes. Es el caso de Carles Taché. Vemos estupendas obras de gran tamaño de Scully, Campano, Bosco Sordi... También las hay de gran formato en Helga de Alvear (David Schnell) o Juana de Aizpuru (Wolfgang Tillmans). Espectacular, el «stand» de Javier López/Mário Sequeira, con Alex Katz y Julian Opie. En el «stand» de Elvira González vemos piezones de Fontana y Basquiat por encima del millón de euros. A destacar, la selección de obras de Mapplethorpe que presenta como antesala de la exposición que la galería abrirá en junio. Y por primera vez dedica en ARCO un espacio a obra en menor formato con propuestas más accesibles. Se agradece. Marlborough le ha dado un respiro al ya clásico Bacon de turno: el protagonista este año es Antonio López y su «Madrid desde Torres Blancas», que la galería compró en Christie's de Londres en 2008 por 1.744.000 euros. Es la obra más cara de un artista español vivo. En la galería no sueltan prenda de su precio.
Juana de Aizpuru, primera directora de ARCO hace 30 años, está muy contenta. La acaban de nombrar Hija Predilecta de Andalucía. En su «stand» le ha dedicado un espacio muy especial a Dora García, artista que lleva con ella 17 años y que este año representará a España en la Bienal de Venecia. Tanto ella como otros de sus colegas se muestran optimistas respecto a esta edición de ARCO: «Se va a reinventar; la feria tenía unas dimensiones absurdas, ahora es más razonable. La organización y el montaje están muy bien. Confío mucho en Carlos Urroz, pero hay que darle tiempo». Respecto a si se ha cumplido la misión con la que nació la feria hace tres décadas, comenta la galerista que «nunca está cumplida del todo, porque siempre hay nuevas metas por el camino, pero ha servido de vehículo para crear un coleccionismo que no existía en nuestro país».
También son optimistas Carles Taché, Álvaro Alcázar y Nacho Ruiz, de la galería T20. Todos le dan un voto de confianza a Urroz. Cree Nacho Ruiz que se superará «el ARCO del miedo»: «Aunque esté mal, la gente comprará; le gusta comprar en ARCO». Respecto a lo ocurrido el año pasado, piensa que el asunto se enconó demasiado: «Había que parar y respirar». Se muestra satisfecho porque al fin entren las galerías jóvenes en el comité: «Esta no es la feria de Gagosian y el futuro de la feria son las jóvenes galerías».
También es un clásico buscar en ARCO obras digamos «con morbo». Ya se estaba volviendo costumbre fotografiar las de Eugenio Merino. Este año regresa a la galería ADN, pero con menos fuegos artificiales. «Después de tres años, parece que solo sabía hacer eso», nos dice. Lleva razón. Lo empezábamos a pensar. También en ADN charlamos con Carlos Aires, que tiene llamativas piezas en esta galería y en Álvaro Alcázar. Un retablo barroco y un crucificado, bajo el lema «Let's Get Lost», célebre tema de Chet Baker. También recurre a la música en otra de sus piezas, «How Deep Is Your Love» (Bee Gees). Aborda el crimen pasional en una pieza en forma un corazón formado con cuchillos. El siempre provocador David Lachapelle despliega sus siempre impactantes imágenes en la galería Leyendecker de Tenerife: Naomi Campbell con un pecho al aire como una reina africana, Kanye Wets como un Cristo negro con corona de espinas, Michael Jackson convertido en arcángel... En Prometeo Gallery, más morbo. La indescriptible Orlan posa como una Virgen en la fotografía de una de sus performances. También exhiben fotografías de una acción que hizo Santiago Sierra en 2010: el enterramiento de diez trabajadores de Senegal.
Antes de irnos, pasamos por el «stand» de ABC, donde Alexandre Arrechea daba los primeros trazos de un dibujo en una pared. En los próximos días se sumarán otros artistas. ARCO'11 arranca hoy. Visto lo visto, apunta maneras. Solo falta que el coleccionismo se anime. Y si no, siempre nos quedará un buen cóctel.




