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La Delegación del Gobierno tarda once horas en desalojar a Greenpeace de Cofrentes

El asalto a la planta se salda con 16 arrestos y cuatro guardias de seguridad heridos

Día 16/02/2011

Un grupo de activistas de Greenpeace burló ayer los controles de la central nuclear de Cofrentes (Valencia) y mantuvo en jaque a las Fuerzas de Seguridad del Estado durante once horas con un asalto a la planta que no cuenta con precedentes y que supone la primera crisis de magnitud en el corto mandato de la delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana, Ana Botella.

La acción reivindicativa se saldó con la detención por parte de la Guardia Civil de Requena de quince miembros de la organización ecologista, así como de un fotógrafo que les acompañaba. En el transcurso de la protesta un guardia de seguridad resultó herido leve con unos cortes superficiales, mientras que otros tres acabaron contusionados. Los ecologistas, en cambio, negaron haber empleado la violencia.

La central estableció el estado de Alerta de Emergencia en su nivel más bajo, pero el protocolo no impidió que continuara su actividad habitual, toda vez que los activistas accedieron al interior del recinto a través del vallado de seguridad, pero quedaron lejos de la zona donde se registra la actividad nuclear, de ahí que no se alterara la seguridad radiológica. Botella insistió en este sentido que la situación «no produce ningún riesgo de contaminación radiológica ni para la población ni para el medio ambiente» y avanzó que, una vez controlado el incidente, se estudiará lo sucedido y «si hay mejoras que incorporar» en materia de seguridad, «se incorporarán». En todo caso, Greenpeace consumó su objetivo de encaramarse a una de las torres de refrigeración de la central, donde pintaron el lema de «Peligro nuclear». La Delegación del Gobierno optó por la cautela y decidió no abordar la acción reivindicativa, que fue condenada por el ministro de Industria, Miguel Sebastián. Las detenciones se produjeron alrededor de las seis de la tarde. Las principales críticas a la actuación de Botella en el conflicto llegaron por parte del concejal de Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento de Valencia, Miquel Domínguez, quien acusó a la delegada del Gobierno de estar «desaparecida y no preocuparse por la seguridad de los valencianos».

Ataque calculado

En pleno debate sobre el futuro de la energía nuclear en España, la acción de Greenpeace en Cofrentes no responde precisamente a criterios de casualidad. La central valenciana es la quinta más antigua de España. Entró en funcionamiento en 1984. El próximo 19 de marzo expira la licencia de actividad. Iberdrola, empresa operadora de la instalación, ha solicitado la renovación. El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) tiene de plazo límite hasta el 23 de febrero para hacer una propuesta al Ministerio de Industria, que tendrá un mes para tomar una decisión.

La delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana avanzó ayer, en plena toma de la central por parte de los ecologistas, que la instalación lleva funcionando 25 años, mientras que la vida media de estas centrales es de cuarenta. «A priori —subrayó—no se dan circunstancias para que no se renueve su licencia de funcionamiento».

La central de Cofrentes produjo 9.549 millones de kWh en 2010, con lo que alcanzó su récord anual histórico desde que la instalación entró en servicio hace 26 años. Este hecho se debe a que la planta ha funcionado ininterrumpidamente los 365 días del ejercicio «sin incidencias operativas destacables», según Iberdrola.

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