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Casi 40 años «abrazando» árboles

Día 07/07/2011 - 13.27h
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El movimiento Chipko de defensa de los bosques, los ríos y los espacios naturales surgió en la India a principios de 1970

Casi 40 años «abrazando» árboles
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Roble Valentín (Tineo, Asturias) fue galardonado en 2008 en la categoría de «Árbol Gigante» por la ONG Bosques sin Fronteras

Catorce de febrero de 2011. Día escogido por los enamorados para mostrar públicamente su amor. Y año reservado por Naciones Unidas para llamar la atención sobre la importancia de los bosques. La mejor fecha, pues, para abordar el origen del movimiento Chipko, vocablo hindi que significa «abrazar». En 1974 Gaura Devi organizó a las mujeres de su pueblo para que protegiesen los 2.500 árboles próximos al río Alaknanda que el Departamento de Asuntos Forestales indio había subastado. Estrechando sus cuerpos contra ellos impidieron su tala y obligaron al gobierno de Uttar Pradesh a prohibir agresiones similares en la zona durante diez años. Después de aquel afectuoso gesto, otros más se sucedieron a lo largo de varias áreas boscosas del Himalaya. Las mujeres establecieron cooperativas para asegurar su patrimonio medioambiental, conscientes de que la deforestación causaba las inundaciones y los desprendimientos de tierras que sufrían.

Los árboles evitan la erosión del suelo y modifican el clima. Uno de los resultados más tangible de tal conjunción es el aumento de la fertilidad del suelo. En muchas regiones rurales de ciertos países en vías de desarrollo los árboles suponen la única fuente de alimentación familiar, sobre todo en temporadas de mala cosecha o barbecho. Por si fuera poco, los árboles, una vez arraigados, exigen pocos cuidados. Los frutos que no se recogen abonan el terruño y los que sí se recolectan se convierten en techumbres, cercados, escobas o cubiertos.

Valor nutritivo

Sin leña es posible que no haya nada que llevarse a la boca. Las mujeres subsaharianas saben que, a veces, un granero lleno no garantiza mantener a raya al hambre. El fuego doméstico hierve el agua potable y las hojas y cortezas de las que se extraen medicamentos naturales. Su humo mantiene a distancia a los mosquitos y ahúma la carne y el pescado. Y su calor reconforta al ganado en las noches frías, al tiempo que seca la cosecha húmeda. El mantenimiento del hogar y el aprovisionamiento de combustible son tareas asignadas a las mujeres en numerosas latitudes. En Nepal las campesinas recogen el 84 por ciento de la leña; menester que ocupa cinco horas todos los días a sus homólogas de Bangladesh. Los efectos de la desertificación y la deforestación tienen la culpa. La escasez, para más inri, obliga a muchas de ellas a elegir entre los troncos menos apropiados en calidad y tamaño. Tal coyuntura se manifiesta de manera negativa en el plano social, sanitario y económico: 1) Disminuye la cantidad de comidas calientes; 2) Los alimentos crudos y el agua sin tratar acarrean enfermedades; 3) La sustitución de cultivos tradicionales por productos importados, como el arroz y el mijo (de fácil y corta elaboración), deterioran las economías locales.

Ingresos personales

La mayoría de hombres de las naciones más pobres del planeta buscan trabajo en las grandes ciudades o el extranjero. Sin embargo, jurídicamente continúan siendo los jefes de familia. Sus esposas carecen de derechos de propiedad ni pueden adoptar los nuevos métodos tecnológicos de agrosilvicultura sin su permiso. Otro problema con el que han de lidiar guarda relación con los proyectos de repoblación forestal que llevan a cabo distintas organizaciones internacionales. Bastantes de estas iniciativas mejoran las condiciones bajo las que viven los hombres: introducen en el lugar un solo tipo de árbol que produce buena madera para las canoas que ellos venden en los mercados y emplean para pescar, por ejemplo. Pero limitan la independencia de las mujeres, que necesitan ejemplares de uso múltiple para sacar de ellos esteras, redes, sogas, hojas para capas de cigarrillo o sogas con las que generar sus ingresos personales.

La FAO comprobó cómo las mujeres de Sierra Leona eran capaces de reconocer 31 productos diferentes que solían conseguir o fabricar gracias al monte bajo que las rodeaba. Los hombres, en cambio, identificaban el nombre de ocho de ellos. En Burkina Faso el organismo para la Agricultura y la Alimentación contó con ellas para saber qué familias arbóreas plantar: «Cierta variedad de eucalipto no es apetitoso a los animales que buscan forraje –necesario para la cría de ganadería adicional, como cabras, cerdos, gallinas- y envenena el terreno», fue su respuesta.

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