Galicia

Galicia / la garita de herbeira

Elogio de la censura

La censura es obstetra de talentos ocultos y salvaguarda de la libertad, riqueza y bienestar de nuestros próceres

Día 07/02/2011

EN desarrollo de la moda retro ya iniciada con lo de la memoria (o mentira) histórica, ahora el gobierno socialista, apoyado por buena parte de la partitocracia, con un ojo puesto en Túnez y otro en la fracasada Merkel, pretende perpetrar sendas nuevas leyes, dirigidas a asustar, acosar y amordazar la opinión pública.

Así la Ley de Defensa de la República de 1931, que constaba de seis artículos que facultaban a la autoridad gubernativa para la privación de los derechos civiles de los súbditos supuestamente republicanos españoles. Sin pararse en remilgos democráticos como la actuación judicial, sino directamente por el ministro de la Gobernación, (el Rubalcaba de turno), tales como el confinamiento o extrañamiento, multas, confiscación de bienes, cierre de periódicos, suspensión de los derechos de reunión y manifestación.

Un ejemplo, cuando los escoltas del dirigente socialista Indalecio Prieto, junto con un grupo de guardias de asalto, sacaron de su casa a la tres de la madrugada y asesinaron en una camioneta policial al diputado de la oposición don José Calvo Sotelo, los dos diarios que se atrevieron a dar completa la noticia del asesinato fueron convenientemente cerrados por el Gobierno. Un caso de muerte anunciada en el Parlamento unos días antes y también de prórroga del estado de alarma con el que de modo tan heroico se gobernaba entonces.

Pero no todo es malo con la censura. Sin duda preocupado por nuestro bienestar, el risueño y culto gobierno del talante lo ha tenido en cuenta para restablecerla.

Tiene sus logros o ventajas, siempre que no nos caiga encima un cascote del volado edificio del diario Madrid. Agudiza el ingenio. Fomenta la inteligencia. Potencia la ironía. Busca tropos y sinónimos. Ahí están las figuras de nuestros grandes autores del Siglo de Oro. Sin censura acaso don Alonso Quijano nunca hubiese sido El Quijote ni menos hubiere muerto cuerdo, ni Juan de Yepes hubiera compuesto el prodigioso Cántico, ni Quevedo hubiera pergeñado alguna de sus obras maestras. Claro que pagaron su maestría y entereza moral con la cárcel. Como debe ser en la España eterna, según denunciaba un desencantado Cadalso en una de sus Cartas. Incluso don Camilo, el del Premio, se entrenaba y hacia oficio de escritor con el ejercicio de la censura, tachando con su mejor letra lo no conveniente. Y el gran Berlanga nunca habría logrado obras maestras como Plácido, El Verdugo, o esa joya crítica de la estulticia de la España eterna que es Bienvenido Mr. Marshall. Pero como opinante vuestro que soy os debo una explicación y os la voy a dar.

La censura es obstetra de talentos ocultos, salvaguarda de la libertad, riqueza y bienestar de nuestros próceres y próceras, conquista irrenunciable del régimen socialista, bálsamo de Fierabrás preventivo para aquellos que no valemos para Palacio porque no sabemos lisonjear y tenemos vergüenza, porque donde no reina la Justicia es gran peligro tener razón.

Nuevos improvisados discípulos del sin par Cervantes buscarán el modo de glosar las fazañas del flamante patio de Monipodio dotado de las nuevas tecnologías y consenso entre corchetes, bandoleros, golfos, putas, golillas, usureros, remienda virgos o santigua bolsillos, maguer ya no sea capaz de emplear a nuevos aprendices en paro estructural como Rinconete y Cortadillo.

Y con esto, salud, aplaudid, vivid y bebed, ilustres partidarios de la censura.

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