Economía

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La productividad es cosa de alemanes

La potente economía germana no ha dudado en ajustar salarios cuando ha sido necesario. Ahora quiere lo mismo para España

Día 06/02/2011 - 07.21h
JAIME GARCÍA

¿Por qué Angela Merkel reclamaba esta semana que los salarios se ligen a la productividad en España? Porque la indexación de los salarios a la productividad y no a la inflación, como ocurre en España, es uno de los secretos del mercado laboral alemán, el mismo que hace unos días se anotaba el menor desempleo de los últimos 20 años. Todo un récord en los tiempos que corren, sobre todo en España.

La flexibilidad, en todas sus acepciones, no sólo las salariales, es la clave del sistema de relaciones laborales alemán, el que ha resistido con uñas y dientes y salido fortalecido de la crisis con más empleo, frente al mercado español, que ha destruído más de dos millones de puestos de trabajo. ¿Cuál es la receta? Lo de Alemania es una cultura, una forma de hacer las cosas que comenzó tras la II Guerra Mundial, cuando el país tuvo que enfrentarse a fuertes ajustes en salarios y jornada para salir del bache. En la misma línea, ahora, cuando una fábrica debe reducir su producción por una caída en la demanda, se abre la posibilidad de suspender temporalmente los empleos excedentes, dejando así que los trabajadores mantengan su puesto en espera de una recuperación del mercado. Lo que aquí sería un ERE de extinción apenas se aplica, sino que el modelo se asemeja más a los ERE temporales, aunque su tramitación es mucho más ágil y no requieren tantos trámites administrativos como en España. Con la suspensión temporal de empleo, la empresa en Alemania paga el 10% del salario y la administración el resto, el denominado Kurzarbeit, que se perseguía para España, pero que nunca llegó. Y mientras esta situación temporal ocurre los trabajadores realizan cursos de reciclaje para adaptar sus capacidades mejor a las exigencias del mercado laboral, algo que ahora, con la reforma de políticas activas de empleo, se quiere para España, mucho más pendiente del subsidido que del reciclaje.

En el ciclo bajo de esta crisis, empresarios y sindicatos alemanes asumieron una moderación de sueldos hasta mejores tiempos, mientras el Gobierno emprendía reformas de calado como las pensiones, recortaba el paro o las prestaciones sanitarias. Con Merkel, Alemania se ha zambullido en la piscina de la moderación salarial y de la productividad, lo que aumentó su competitividad respecto a la media de la zona euro. Ahora, también hay que decir que aproximadamente el 20% de los alemanes trabaja por salarios de menos de 9 euros por hora y el salario mínimo no está legislado. Los sueldos llevan cayendo desde 2004, cuando el salario neto medio por empleado era de 16.471 euros anuales, hasta el año pasado, cuando quedó en 15.815 euros. Eso sí, el paro se ha reducido hasta tasas del 7% y la competitividad de sus productos ha mantenido muy vitales las exportaciones, otra de las claves de su sólido crecimiento, cercano al 4%.

¿Y España? La economía sigue en el furgón de cola (cayó un 0,1% en 2010) y la tasa de paro supera el 20% de la población activa. Y, muy lejos de los ajustes alemanes que han mantenido el empleo, la crisis ha demostrado que el despido es, en la mayoría de los casos, el primer recurso en nuestro mercado de trabajo y que, en sólo algunas ocasiones, el sacrificio salarial ha servido para salvar puestos de trabajo.

Pero... ¿por qué el énfasis de la canciller alemana en ligar salarios a productividad, en poner punto y final a las cláusulas de revisión salarial? La respuesta es la que dan muchos de los expertos en relaciones laborales. Si los sueldos crecen independientemente del momento que atraviesa la empresa, por ejemplo, de baja actividad, la actividad empresarial puede ir a pique. En cambio, con salarios ligados a la productividad, los empleados tienen en el estímulo económico un acicate para trabajar mejor. Y si las subidas salariales se ligan a beneficios, pues mejor que mejor. De esta forma, se facilita a las empresas la posibilidad de controlar la masa salarial cuando las cosas no van bien, en lugar que tener que aplicar despidos.

En la otra cara de la moneda están los que piensa totalmente lo contrario. Los que están en contra por el simple hecho, afirman, de que en algunos puestos de trabajo ¿cómo se mide la productividad? ¿con qué criterios?

Lo cierto es que ahora, tres años después de que comenzara la crisis los costes laborales han comenzado a bajar en España lo que «debe hacer reflexionar al legislador sobre la inflexibilidad de nuestro mercado de trabajo, así como sobre la conveniencia de aplicar fórmulas de ajuste sobre jornada laboral y salarios, como se hace en otros lugares de Europa», asegura la patronal Agett. Según sus datos, en términos interanuales —tercer trimestre de 2010 frente al mismo periodo de 2009— los costes laborales por trabajador han caído un 0,3%, el primer descenso desde 2000 a la vez que ha aumentado la productividad, ya que el coste por hora efectiva trabajada cayó de forma más intensa (-1,4%) que el coste laboral por trabajador.

Sea como fuere, las recomendaciones de la canciller han caído como un ladrillo en España. Ni Gobierno, ni sindicatos, ni empresarios (éstos ahora no quieren cambios radicales en la negociación, según Arturo Fernández), parecen dispuestos a alterar en los sustancial la negociación colectiva. Y más en concreto, los criterios que emanaron de los Pactos de la Moncloa, la base generalmente utilizada para acordar los crecimientos salariales en los convenios, que ha sido la previsión de la inflación fijada por el gobierno de turno en el en los Presupuestos. ¿Y Zapatero? Él sí cree que las peticiones de Merkel son de «sentido común», pero deja el peso de las decisiones, al menos por el momento, en la negociación abierta para reforma la negociación colectiva.

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