— La secretaría de política lingüística gallega es una de las que menos cuesta a la autonomía, en comparación con la vasca o la catalana. Pese a todo, ¿temen que los recortes en los presupuestos autonómicos les afecten?
— Evidentemente todos los departamento estamos reduciendo gastos, el presupuesto es menor y yo creo que cada comunidad debe planificar sus propios recursos económicos. Hay otras comunidades con lengua propia que tienen mucho menos presupuesto que nosotros, como la Comunidad Valenciana y Navarra. Todos estamos en fase de recorte y yo no me quejo porque hay que ser solidario con todos los departamentos y también con las prioridades que tenemos ante la profunda crisis que estamos atravesando. Yo creo que en Galicia tenemos un presupuesto que es el que es, 10 millones de euros para el 2011 que supone un 40 por ciento menos que el pasado año, y con lo que tenemos vamos a cumplir nuestros objetivos.
—¿Cuáles son las líneas fundamentales sobre las que se asienta el proyecto que están llevando a cabo en la Comunidad?, ¿cómo afectan al ciudadano de a pie?
— Nosotros tenemos muchas líneas de actividad porque, aunque formamos parte del organigrama de educación, tenemos una actividad transversal a todos los ámbitos de la sociedad. Para nosotros los aspectos prioritarios de la política lingüística están en la formación, que es básica; en la dinamización de la lengua gallega en las franjas de edad más jóvenes; en el ámbito empresarial y también en el de las nuevas tecnologías. También seguimos apostando por la proyección exterior de la lengua y de la cultura gallega a través de la red de lectorados y de centros que activamos a nivel internacional. Uno de los aspectos en el que incidiremos mucho este año es en todos aquellos proyectos que supongan colaboración dentro de la Xunta de Galicia con otras administraciones, sobre todo con la local, y con otro tipo de entidades sociales y culturales.
— ¿Hay cooperación entre las tres administraciones?
— La cooperación es fundamental y en época de crisis, obligatoria. Entre estas iniciativas se encuentra la creación de una red de dinamización lingüística con los ayuntamientos que para nosotros es un proyecto clave porque se trata de un espacio muy próximo a los ciudadanos.
— Una parte fundamental de su política lingüística está orientada a los más jóvenes, algo que han materializado en iniciativas como el «Boca aberta» o «Axoúxeres». ¿Está aumentando la normalización del gallego entre este sector poblacional?
— En el mapa de uso de las lenguas en Galicia vemos que, pese a que la media de utilización del gallego es muy alta, el porcentaje baja en el caso de los grupos de edad más jóvenes. Esto no quiere decir que a medida que los más pequeños crezcan no se vayan incorporando al gallego. Es algo que ha ocurrido siempre y que se sigue dando.
— Sin embargo, sólo un 44% de las familias hablan gallego con sus hijos…
— Bueno, el gallego tiene una posición demográfica sólida porque el 60 por ciento de habitantes lo hablan y sólo un 19 por ciento son monolingües en castellano. En el caso de las familias es muy importante que los padres le transmitan el gallego a las nuevas generaciones y es básico que las parejas que usan el castellano tengan una actitud positiva también hacia la lengua gallega y que traten de incorporarlo en su repertorio lingüístico. Lo ideal es que estas actitudes positivas pasen a los hijos para que la juventud gallega tenga esa buena disposición hacia el idioma.
— Decreto del plurilingüismo. Parece que los llamamientos a la insumisión por parte de la bancada nacionalista a propósito de la implantación de la norma no han surtido efecto entre los docentes…
— Hacer un llamamiento a la insumisión de trabajadores públicos es un acto de insensatez tremendo. Los trabajadores públicos tienen sus derechos y sus obligaciones, como cualquier trabajador. Obviamente, esa petición no tuvo ningún tipo de repercusión y el decreto se está aplicando con total normalidad.
— ¿Hay paz educativa?
— Sí, total. Aquella catástrofe que se auguraba tras la implantación del decreto no fue tal. Únicamente se deben realizar los ajustes propios de un año de transición como éste.
— ¿Cómo valora las críticas provenientes de ciertas asociaciones como Galicia Bilingüe, que los acusan de incumplir sus promesas electorales?
— La respuesta es muy rápida y muy fácil. Les diría que lean el programa electoral del partido que ganó las elecciones.
— ¿Qué tal su relación con la RAG?
— Es una relación cordial, de cooperación. Mantenemos con ellos un convenio que se renovará este año en cuanto a la elaboración de trabajos de investigación, como el proyecto de terminología de Galicia (Termigal). Evidentemente, hay puntos en los que mantenemos discrepancias. La Xunta aprobó un decreto que a ellos no les gusta, y que recurrieron judicialmente. Pero bueno, cada uno tiene su autonomía.
— Estos días se le ha puesto fecha a la redacción de la gramática de la lengua gallega. ¿Un punto de inflexión para el idioma?
— Será un punto de inflexión para la Academia y para la lengua gallega porque en estos momentos hay varias gramáticas que no son normativas, aunque tienen una enorme solidez e importancia. La RAG quiere impulsar por primera vez la redacción de este texto de referencia porque para ellos es una necesidad. La iniciativa está sufragada con el dinero de Política Lingüística por lo tanto, valoramos y apoyamos la iniciativa.
— ¿Qué opinión le merece la polémica surgida en torno al uso de los pinganillos en el Senado?, ¿es una necesidad o un derroche?
— Yo tengo una opinión muy clara sobre este tema. Si el Senado es la cámara de representación territorial, las lenguas que se hablan en España tienen que estar presentes en él. Y en España se habla el castellano, el gallego, el catalán y el euskera. Por lo tanto, creo que es un paso coherente y normal. Ahora bien, lo que me parece absurdo es pensar que la sociedad puede entender que se gaste tal cantidad de dinero en esta iniciativa, un total de 350.000 euros al año. Esto había que hacerlo en época de vacas gordas. No es el momento oportuno, es una irresponsabilidad.
— En el Parlamento se están dando unos cursos de gallego que, de momento, no están teniendo mucha acogida. ¿Es bueno el nivel de los parlamentarios?
— Hay muchos parlamentarios que saben escribir y hablar perfectamente en gallego, sin necesidad de hacer un curso. Esta es la primera vez que se pone en marcha este proyecto y va a haber más cursos que habrá que regular. Yo creo que el uso y la calidad del gallego que hablamos es algo que todos tenemos que mejorar.
— ¿Pecamos a veces de falta de esfuerzo en el uso de la lengua?
— Todos tenemos que hacer un poco de esfuerzo para hablar el gallego con corrección, del mismo modo que nos esforzamos en hablar castellano con corrección o cualquier lengua extranjera que estemos aprendiendo. El esfuerzo lo tenemos que hacer todos: los parlamentarios, los altos cargos, los periodistas, los presentadores, los actores… Yo valoro muy positivamente estas actividades aunque tengo que decir que hay muchos parlamentarios perfectamente preparados para expresarse en gallego, incluso mejor que yo.













