Cultura

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El crimen que duró seis días

Desde el próximo lunes y hasta el 5 de febrero se celebra la sexta edición del Encuentro de Novela BCNegra

Día 31/01/2011
Paco Camarasa es el librero que más sabe de novela negra y en su librería «negrocriminal» de la marinera Barceloneta cuecen mejillones de un negro nacarado, brillante como el momento que atraviesa el género que se inventó Poe en la rue Morgue. En 2006, Camarasa situó a Barcelona en el mapa negro peninsular, junto a Gijón (julio) y Getafe (octubre); desde entonces, los seis días que van del 31 de enero al 5 de febrero no se los salta ni Baltasar Garzón, que el próximo jueves explicará cómo funciona la delincuencia globalizada y, a lo mejor, cómo instruir un sumario.
De epicentro, el Raval más gótico. La antigua capilla del que fue Hospital de la Santa Cruz: a pocos metros de lo que fue el Barrio Chino que pateaba Pepe Carvalho en busca de confidentes, reincidentes y recetas de Casa Leopoldo. Su sapiencia gastronómica le permitía esquivar la paella. «Los valencianos son los inventores del arroz guisado en compañía y no son los inventores de esa truculencia a la que llaman paella de pollo y marisco en muchos restaurantes…» Lo escribió Vázquez Montalbán en «El delantero centro fue asesinado al atardecer». Volveremos con su protagonista al barrio umbrío, esos soportales de la plaza Real donde Iñárritu rodó «Biutiful», ese personaje de Bardem baqueteado por la vida con los pantalones mojados de sangre.
¿Cómo es la imagen de un asesino? Santi Tugores y Daniel Martínez, policías científicos de la Comisaría General de Investigación Criminal esbozarán el último día de enero, a la caída de la tarde, los restos de una mirada que condujo al naufragio, la fisiognomía que descalificó las teorías deterministas de Lombroso. En un papel blanco irá apareciendo el retrato robot en el que los investigadores intentarán aprehender la turbia mente del asesino.
Diversos son los móviles criminales y diversas sus lenguas. Hoy, la novela negra es transversal, advierte Àlex Martín, coautor con Sebastià Bennassar de «Crims.cat», antología catalana tan negra como la butifarra: «Se está convirtiendo —si no lo ha hecho ya— en el género social de nuestro tiempo: aspectos como la globalización, la denuncia social, la violencia de genero, la corrupción policíaca, la inmigración, las nuevas tecnologías, la quiebra del mercado inmobiliario, la memoria histórica… Últimamente todo tiene cabida en el género negro». En Cataluña, la realidad supera la ficción: la corrupción financiero-política del «caso Millet» se conjuga con los dos asesinos —en serie y múltiple respectivamente— que ensangrentaron Olot y el terremoto inmigrante de Salt, inquietante réplica de la banlieu francesa. En Alemania, la novela negra crece al mismo ritmo que ese PIB del que se jacta, con razón, Angela Merkel. Cuando escuchan la palabra Kriminalroman, los alemanes abren bien los ojos: una tradición que brilló en los años expresionistas de Caligari y Mabuse, cuando Isherwood dijo adiós a Berlín en un cabaret y resonaba, de fondo, el hitleriano Horst Wessel.
Culpa criminal o inocencia
La Capilla Negrocriminal congregará a Volker Kutscher que recrea la Alemania prenazi con su comisario Rath en «Sombras sobre Berlín» (Ediciones B); a Rosa Ribas (autora española que publica en alemán) y Zoran Drevenkar, que presenta «Sorry» (Seix Barral), premio Friedrich Glauser a la mejor novela negra en Alemania, Austria y Suiza: cien mil lectores ya han sentido el vértigo de balancearse entre la inocencia y la culpa criminal. Y es que la pregunta de este escritor croata residente en Berlín remueve conciencias: ¿Se puede pedir perdón a un cadáver? ¿Y cuáles son los límites del perdón? No es Sartre, sino cuatro emprendedores berlineses quienes fundan la agencia Sorry, dedicada a contactar con las víctimas, hasta que uno de los asesinos les pide ampliar el servicio…
El inglés negrocriminal ya lo descubrió el editor Germán Plaza en 1945 al lanzar su colección de Autores Británicos. Actualmente, la hora negra no la marca el Big Ben londinense, como era costumbre, sino la Milla Real de Edimburgo. En la escocesa isla de Lewis, el detective Fin McLeod investiga el macabro asesinato de un antiguo compañero de clase y repasa crueldades de la adolescencia. Lo cuenta Peter May en «La isla de los cazadores de pájaros» (Grijalbo). Y de isla a isla y mato porque me toca. En la sueca Öland sonó para Johan Theorin «La hora de las sombras». La toponimia se completa con Ystad, Goteborg, Fjällbacka, Kiruna… Nombres mucho más difíciles de recordar que Ikea, pero con protagonistas imborrables como Kurt Wallander, Martin Beck, Rebecka Martinsson o Lisbeth Salander. Criaturas imaginadas por los Mankell, Larsson (Stieg y Asa) o Mari Jungstedt, que desvelará, por fin, el viernes 4 de febrero por qué se mata tanto en Suecia.
Y si sabemos qué bien comía Carvalho, la sueca Birgitta Sander cuenta en «Chicas, cerillas y fogones» (Comanegra) que al detective de Mankell le encanta la anguila ahumada con huevos revueltos de la región de Scandia, mientras que la abogada Martinsson prefiere la trucha —también ahumada— y el dúo Salander-Blomkvist, el salmón a la media sal del restaurante Kvarnen de Estocolmo. Entre tanto crimen conviene reponer fuerzas… Comer y beber. ¡Va por ti, Hammet, en tu cincuentenario!
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