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Columnas / CAMBIO DE GUARDIA

El más grande, el más canalla

Los judíos de Francia fueron exterminados. Para gloria del más grande de los novelistas franceses del siglo XX

Día 24/01/2011
MURIÓ este año hará cincuenta. Fue el prosista francés más grande del siglo veinte. Y uno de los dos o tres sujetos más canallas de la historia. Entiendo lo difícil que es saldar el debate que anteayer cerró el ministro de cultura francés: Louis-Ferdinand Céline será excluido de las celebraciones nacionales del año 2011. Bastante suerte tuvo con escapar al pelotón de fusilamiento en 1945, refugiándose en Dinamarca. Su obra es cuidadosamente editada y reeditada en el Olimpo editorial francés: la Colección de la Pléiade. Y el Viaje al confín de la noche del año 1932 es tan parte de la grandeza nacional de Francia cuanto su autor, Louis-Ferdinand Céline, lo es de su nacional vergüenza. Nada —absolutamente nada— impide ser el más grande de los artistas o de los escritores y el más odioso de los sujetos. Junto al alemán Martin Heidegger y muy poco más de calidad comparable, Louis-Ferdinand Céline es parte del depurado santoral de los hombres despreciables.
Nada salva del mal. Ni el arte, ni la buena escritura ni la inteligencia. La anécdota, si no lo recuerdo mal, la narra Robert Brasillach. Brasillach, junto a Rebatet, es el núcleo intelectual del joven nazismo en la Francia ocupada. Se ha formado al lado de Maurras, hasta sentirse arrebatado por la épica de Hitler, y es un tipo de formación académica altamente refinada. Hacia 1941, junto a Rebatet y Drieu La Rochelle, asiste a una de aquellas recepciones de escritores que organizaba el nazi gobernador militar de París, amigo de Cocteau y hombre cultísimo. Irrumpe, de pronto, en la sala un energúmeno. Sin afeitar, no muy pulcro, mal vestido. Se va directamente al anfitrión, sin saludar siquiera a quienes lo rodean. No entiendo que pasa aquí, le suelta a modo de presentación. Ocupan ustedes Francia, tienen las armas precisas… ¿Por qué no han matado ya a todos los judíos? No aguarda respuesta; se va tan hoscamente como ha llegado. En el silencio incómodo que sigue, Brasillach se excusa ante el militar nazi: ¡Ya sabe usted cómo es Céline! ¡No haga ni caso!
Pero hubo quien sí hizo caso. Menos de un año después, los judíos de París y de toda Francia fueron exterminados. Para gloria y regocijo del más grande de los novelistas franceses del siglo XX. Y el peor canalla.
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