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Gregorio Ordóñez, el «valiente enemigo de ETA»

El 23 de enero de 1995, «Txapote» entró en una cafetería de San Sebastián con un pasamontañas y le disparó en la cabeza al presidente del PP de Guipúzcoa, el político que criticó las «barra libre» de la reinserción de etarras

Día 23/01/2011 - 18.27h
EFE
Gregorio Ordóñez anunciando a Mayor Oreja como lendakari, en 1994
Eran casi las tres y media de la tarde del 23 de enero de 1995, cuando «Txapote» entraba en el bar «La Cepa» de San Sebastián, se acercaba a la mesa de Gregorio Ordóñez, que se encontraba junto a varios colaboradores y María San Gil, y le pegaba un tiro en la nuca y a bocajarro. El presidente del Partido Popular en Guipúzcoa y candidato a la alcaldía de San Sebastián, de 37 años, casado y con un hijo de un año, se convertía así en el primer político en activo asesinado por ETA desde que la banda matara al socialista Enrique Casas Vila.
Dos años después de la desarticulación de la cúpula en Bidart (1992), la banda había establecido como objetivo prioritario atentar contra dirigentes del PP, PSOE y PNV: «Creo que es hora de que empiecen a ver peligrar lo que más queremos todos, la vida (…). El día que vayan al funeral de un compañero de partido, cuando vuelvan a casa quizá piensen que es hora de encontrar soluciones o quizá les toque estar en el lugar que estaba el otro (o sea, en caja de pino y con los pies por delante)», decía un informe publicado en el boletín interno de ETA. Estas directrices trajeron pocos meses después el atentado contra Aznar y el asesinato de Fernando Múgica, en 1996.
Así relató el crimen María San Gil, en aquel entonces secretaria de Ordóñez y presidenta del PP en el País Vasco entre 2004 y 2008, según recoge el libro «Vidas rotas» (Espasa, 2010): «Vi que pasaba la mano por encima de Enrique Villa (otro de los comensales) y apoyaba una pistola sobre la cabeza de Gregorio. Lo siguiente fue un ruido seco y vi que un borbotón de sangre le salió a Gregorio por el pómulo izquierdo. Entonces supe que no era una broma».
«Txapote», 30 años de prisión
El etarra, que ocultaba su rostro con un pasamontañas, aprovecho la confusión tras el disparo para darse a la fuga en colaboración supuestamente con el etarra Valentín Lasarte, que sería condenado en 1997 a 30 años de reclusión mayor por el delito de cooperador en el asesinato de Ordóñez. «Txapote», de nombre Javier García Gaztelu, fue condenado también a 30 años de prisión.
Aquel año ETA asesino a 18 personas, una cifra que desde entonces sólo ha sido superado en el año 2000, con otras 23 víctimas mortales. Pero la de Ordóñez –que inició su militancia motivado por el asesinato del padre de un amigo por parte de ETA y consiguió que el PP fuera la fuerza más votada en San Sebastián– fue sin duda de las más destacadas. «ETA asesina a uno de sus más valientes enemigos», decía el titular de ABC, pues a lo largo de su carrera el presidente del PP de Guipúzcoa se había caracterizado por ser uno de los políticos que más duramente combatió el terrorismo, criticando, además de a Herri Batasuna y el entorno «abertzale», la reinserción de los presos etarras con delitos de sangre. Lo que él llamaba la «barra libre» de la reinserción».
En los 12 años anteriores al asesinato del candidato a la alcaldía de San Sebastián, un total de 96 etarras habían sido puesto en libertad condicional y 89 habían sido indultados. Y desde 1990, 105 presos de ETA recibieron el tercer grado penitenciario, entre los cuales 17 contaban con delitos de sangre.
«Yo acuso»
En los meses previos a su asesinato, Ordóñez había recibido varias llamadas anónimas amenazándole de muerte, pero casi nunca llevaba escolta. Incluso el 21 de septiembre de 1995, poco antes del atentado, el etarra José Antonio López Ruiz, «Kubati», escribía en «Eguin» una carta titulada «Yo acuso» en la que arremetía contra varios políticos, entre ellos Gregorio Ordóñez: «Me despido de todos vosotros con desprecio y con el deseo esperanzador de que algún día, al poner la radio, oiga por ella una buena noticia que me alegre».
En la sentencia por el asesinato de Ordoñez, en 2006, el Tribunal sostuvo que no se podía «afirmar con exactitud» si «Txapote» fue el etarra el que disparó al presidente del PP de Guipúzcoa, o si esperó fuera del bar para cubrir la acción y facilitar la huida. Aunque, de todas formas, aseguró que era «penalmente irrelevante al estar acreditado que estuvo en la ideación, en la decisión y en la ejecución» del asesinato.
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