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La larga mano de madame Ben Alí

Leila Trabelsi, de peluquera a multimillonaria consorte

Día 25/01/2011 - 11.31h
Gracias a su ambición, belleza, artes de seducción, sucesivos amantes y esposos, con escrúpulos a geometría variable, Leila Trabelsi (Túnez, 1957) dejó de ser una modesta peluquera de barrio para convertirse en la primera dama de su patria y una de las mujeres más influyentes del mundo árabe, cuya fortuna, amontonada debido a la corrupción mafiosa de su familia y repartida por Europa, América del Sur y los países del Golfo, se evalúa oficiosamente en 5.000 millones de euros.
Según varios biógrafos, sus padres, Saïda y Mohamed Trabelsi, eran unos modestos comerciantes. Leila creció en un barrio pobre de Túnez, donde sus once hermanos apenas pudieron cursar estudios de primera enseñanza. Con los años, biógrafos a sueldo de su segundo esposo y presidente le atribuirían estudios de bachillerato, una licenciatura en Derecho e incluso un diploma en «Literaturas Contemporáneas». Algunos otros le han asignado un título de bachiller y una licencia en Derecho conseguidos por «correspondencia», ya pasados los 40 años y convertida en influyente presidenta consorte.
«Con salón propio»
Mucho más confirmada está su condición profesional de peluquera, «con salón propio», en un barrio de su ciudad natal. Fue en su peluquería donde conoció, muy joven, a su primer esposo, del que se divorciaría a los tres años. No está claro si hubo hijos de ese primer matrimonio fallido.
Apenas divorciada, Leila encontró un nuevo amor en un industrial con una sólida situación económica, Farid Mokhtar, cuñado de un personaje que ocupa un misterioso puesto en su biografía íntima: Mohamed Mzali, desaparecido en condiciones «misteriosas» (que sugieren un asesinato político).
Joven, bella y ambiciosa, ya era, con poco más de 20 años, una mujer con mucha experiencia. A su primer matrimonio fallido siguió una oscura época de viajes, tráficos y amoríos diversos. Circulan varias historias sobre las circunstancias en que conoció a quien más tarde sería su segundo esposo, Zine El Abidine Ben Alí (21 años mayor que ella), militar formado en Francia y en Estados Unidos, que había sido director general de la seguridad de Burguiba y que había trabajado en las embajadas de Túnez en España y Polonia.
Amantes con ambiciones
No está claro cómo Leila y Ben Alí se convirtieron en amantes. La cronología de sus relaciones amorosas coincide con las ambiciones políticas del antiguo burócrata policial. El amor y el lecho también despertaron en Ben Alí las más irrefrenables ambiciones políticas, sin miedo al recurso del golpe de Estado.
Los mejores especialistas de la historia íntima de la pareja estiman que se conocieron en un calabozo, o en una dependencia policial, donde Leila había sido encerrada tras su detención en una aduana, cuando intentaba pasar productos de belleza y artículos de lujo. Según esa versión, la joven peluquera había descubierto su pasión por las joyas y había comenzado a ganar dinero con pequeños tráficos ilegales entre Túnez y París. Desde el calabozo o desde las dependencias policiales, consiguió ser escuchada por las más altas jerarquías, hasta llegar a Ben Alí, el hombre fuerte de la seguridad tunecina, casado desde hacía mucho tiempo y que pronto iba a ser abuelo. La joven divorciada y el aspirante a autócrata se convirtieron en amantes. Y ella, que ya había tenido otros amantes, aunque sin descendencia, pronto se quedó embarazada. Nesrine, la primera hija de la pareja, nació en 1986. Su padre dio un golpe de estado el año siguiente. Y ya como presidente, en 1987, se divorció de su primera esposa para contraer matrimonio con Leila. La pasión amorosa había acelerado de manera vertiginosa la ambición política de Ben Alí, quien fue un burócrata fiel hasta conocer a la joven peluquera.
¿Fue Leila Trabelsi quien susurró a su amante, en el lecho, el deseo de conquistar juntos el poder absoluto? En cualquier caso, juntos corrieron esa aventura. El golpe de estado que les dio el poder supremo. Y la «explotación» familiar de Túnez, desde entonces, durante más de 20 años.
Los dos clanes
En su día, un embajador de Estados Unidos escribió al Departamento de Estado, según se reveló a través de Wikileaks, que Túnez estaba en manos de una «casi mafia» formada por dos clanes: el clan Ben Ali (integrado por los familiares y allegados del presidente, como los esposos de sus hijas) y el clan Trabelsi (con los once hermanos de la primera dama, a los que los servicios de seguridad franceses e italianos han calificado como personajes groseros, mafiosos, capaces de orquestar atracos y robos a mano armada, cuando algún obstáculo se cruzaba ante ellos).
Antes de conquistar el poder, ella era una mujer libre, ambiciosa y con algunos amantes. Convertida en primera dama del estado, la antigua peluquera se hizo escribir una biografía mucho más académica, consagrada con nuevos títulos y honores diversos. Todos los empresarios europeos que han intentado hacer negocios lo sabían bien. Para trabajar en Túnez era necesario «tratar» (sobornar, comprar, compartir el negocio) con el clan Ben Alí o con el clan Trabelsi. Ambos clanes se repartían buena parte de la riqueza nacional a través de empresas, concesiones, bancos, periódicos, enisoras de radio o grupos aeronáuticos, sin olvidar las «inversiones» en el extranjero.
Wikileaks y Souha Arafat
En ocasiones, ese tráfico de influencias ha precipitado oscuros conflictos de intereses íntimos, donde no es fácil discernir las fronteras del nepotismo, la avaricia, la envidia y las rivalidades entre mujeres ambiciosas. Un caso bien conocido es el de Souha Arafat, la viuda de Yasir Arafat, el patriarca de la OLP, a quien la primera dama de Túnez permitió la apertura de una escuela privada internacional, la International School of Carthage. Durante unos años, las dos mujeres trabajaron de manera amistosa y cómplice. Hasta que Leila Ben Alí se sintió «traicionada» y rompió de la noche a la mañana con su antigua amiga, obligándola a huir precipitadamente de Túnez para instalarse en Malta.
«Forbes» ha evaluado en unos 5.000 millones de dólares la fortuna de la pareja Ben Alí-Leila Trabelsi, oculta de una maraña de propiedades, depósitos bancarios e «inversiones» con los más diversos nombres. El estado francés afirma que controlará los haberes financieros e inmobiliarios de la pareja en Francia. Nadie duda de la existencia de cuentas numeradas en Suiza y otros paraísos fiscales. Se habla de propiedades en Brasil y Argentina. Parece confirmada la existencia de un tesoro de proporciones mal conocidas en Dubai y otros países del Golfo.
Horas antes de huir, la primera dama se dirigió al Banco de Túnez, acompañada de varios guardaespaldas de su clan personal, exigiendo al director de la máxima autoridad financiera del Estado, la entrega de 1,5 toneladas de oro (unos 45 millones de euros). La antigua peluquera ambiciosa también es una mujer de un temple marcial, incluso en el trágico instante de la huida, camino del imprevisible destierro.
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