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El kirchnerismo de Zapatero y Rubalcaba

Parece un caso de justicia poética que nuestra sociedad lanar acabe en manos del guardia de la porra

Día 20/01/2011
MARZO de 1996. En una popular taberna madrileña de la calle Rey Francisco cena Rubalcaba, portavoz del felipismo agónico, que está en campaña electoral, pero que provoca la misma simpatía que Liberty Valance en el comedor de Ransom Stoddard (James Stewart).
—¡Ay, qué ganas tengo de perderle ya de vista! —nos dice, señalándolo con los ojos, la señorina que nos atiende.
Quince años después, aquel «muerto» aspira a presidir al Gobierno.
Un abogado-chinche de provincias, Joaquín Moeckel, ha podido con la resistencia de Teddy Bautista, pero España no ha sabido quitarse de encima a Rubalcaba, el químico con alma de Coronel de Caballería. Para este viaje ¿hacían falta alforjas? ¿Para llevar a un droguero a La Moncloa?
El droguero que más lejos había llegado aquí era Butragueño, que llegó a delantero centro de la selección de Miguel Muñoz, cuyos goles en México sirvieron para manipular unas elecciones en España. Ahora aparece Rubalcaba, que puede ser presidente del Gobierno, si Zapatero no toma las precauciones debidas. Le disputaría el puesto María del Carmen Chacón Piqueras, que vería cumplido el sueño de todas las cajeras de grandes almacenes que votan en España.
Parece un caso de justicia poética que nuestra sociedad lanar acabe en manos del guardia de la porra. Con él, la izquierda reduce su programa máximo a una vieja idea hispánica: «¡A mí que no me toquen el cocido!» Frente a eso, como una torre de coraje, se alza una derecha cuyo programa máximo no es menos ambicioso: «¡A mí que no me digan facha!» Es decir, que si los votantes se comprometen a que a Rajoy no le digan facha y que a Rubalcaba no le toquen el cocido, la paz de España está garantizada.
¿Qué tiene el tío del «Faisán» que no tenga el Mugabe de León? Todas las gamberradas de Zapatero han sido suscritas por Rubalcaba, y, sin embargo, a Rubalcaba le sonríen las encuestas, y a Zapatero, no. Vivimos, pues, donde la confusión shakesperiana hizo su obra maestra.
—El kirchnerismo terminó haciendo una confusión de roles que, en algún punto, es muy perversa —decía el otro día el periodista argentino Jorge Lanata—. Te deja en un lugar raro, donde tenés que estar explicando si sos, no sos, si fuiste, si vas a ser, cuando en realidad ellos no son nada de lo que dicen que son.
Acaso lo de las encuestas se deba a que el votante tiene la impresión de que en el no menos estrábico kirchnerismo español Zapatero es Cristina, y Ernesto, Rubalcaba: Cromwell de Solares, Lord Protector del Cielo, Jano de la Democracia y, a fin de cuentas, Guardia de la Porra.
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