Dos días después de la huida del dictador tunecino, el país seguía ayer inmerso en la confusión y la violencia instigadas, según todos los indicios, por milicias afines a la familia del presidente. Tras el tapiz de un régimen que afirmaba asegurar el clima más apropiado para la inversión y el turismo, emerge ahora el monstruo de mil cabezas de una red de corrupción y mafias armadas que pretenden morir matando.
Todas las ciudades del país, en las que rige desde el viernes el estado de excepción, se ven golpeadas por el pillaje por la noche, y por choques entre francotiradores y policía por el día. La capital de Túnez vivió una mañana nerviosa, con poca gente por las calles y exhaustivos controles policiales.
A primeras horas de la tarde estalló la violencia. Numerosos francotiradores se enfrentaron con la policía y el ejército, que trató de ocupar las azoteas e hizo uso de helicópteros para identificar a los agresores. En una de las más espectaculares acciones, el Ejército asaltó el palacio presidencial para neutralizar a un grupo de miembros de la guarda presidencial que se habían atrincherado allí.
Turistas españoles
Los hoteles, donde aún permanecen muchos turistas que no han sido repatriados, permanecieron cerrados a cal y canto. En medio del tiroteo, la policía recorría los más céntricos para asegurarse de que los huéspedes mantenían cerradas las ventanas y cortinas, para evitar ser también diana del ejército. Desde el aeropuerto de Túnez, no obstante, partían poco a poco el grupo de turistas españoles que esperaban su salida.
Poco después del mediodía se confirmó una noticia halagüeña: la detención del general Ali Seriati, jefe de la seguridad del presidente Ben Alí. La persona más detestada en Túnez —en abierta competencia con la esposa del dictador, Leila— fue detenida en Ben Guerdane, en el sur del país, cuando trataba de huir. Seriati fue conducido a la capital y, según la televisión pública, afrontará cargos de «complot contra la seguridad del estado, incitación al crimen y a la lucha armada, y ataques a la población». Se cree que el ex jefe de la guardia privada de Ben Alí es uno de los organizadores de esta ola de saqueo y pillaje desatada en todo Túnez.
También trascendió que uno de los sobrinos de la mujer de Ben Alí, Imed Trabelsi, alcalde de la ciudad costera de La Goulette, falleció en el Hospital Militar de Túnez, al que fue trasladado tras ser, al parecer, apuñalado. Imed, y el resto de la familia de la ex primera dama, los Trabelsi, han sido acusados por la oposición tunecina de los delitos de corrupción y apropiación de bienes privados y públicos.
«Trabelsi, ladrones»
Recientemente, un juez francés abrió una investigación contra Imed Trabelsi por su supuesta implicación en el robo de un yate que pertenecía a Bruno Roger, un directivo de la Banca Lazard. El eslogan de «Trabelsi, ladrones» ha sido uno de los más coreados durante las cuatro semanas de protestas sociales en Túnez que acabaron con la fuga del dictador y de parte de su familia.
Así las cosas, ha resultado muy gravemente herido un fotógrafo francés, por el que llegó a temerse por su vida. Lucas Dolega, de 32 años, es colaborador de varias agencias de noticias, entre ellas la agencia Efe. Según testigos presenciales, recibió en la cara el disparo de un proyectil de gas lacrimógeno lanzado por un policía a cinco metros de distancia.
El que algunos analistas como Rami Khouri califican ya como «primer movimiento de autodeterminación del mundo árabe» —realizado en apariencia sin líderes individuales— se cobra sus primeras víctimas. Detrás de la aparente honorabilidad del régimen autocrático de Ben Alí se tejía una tupida red de mafias de la corrupción, aparentemente vinculadas a la familia de su esposa, Leila Trabelsi, que durante más de dos décadas formaron auténticos ejércitos de matones y establecieron vínculos con las fuerzas de seguridad. Son las bandas que hoy tratarían de vender cara su derrota.
Mientras otros déspotas orientales mantienen prudente silencio, el dictador de Trípoli no desperdició la ocasión de culpar al pueblo tunecino de los actuales disturbios. «¿Para qué todo esto? —dijo Gadafi, según recoge Reuters— ¿Para cambiar a Zine Ben Alí? ¿Pero no les dijo que dejaría el poder dentro de tres años? Sed pacientes ese tiempo, y vuestros hijos vivirán en paz».






