Cataluña

Cataluña / SPECTATOR IN BARCINO

Fantástico Joan Perucho

Día 13/01/2011 - 10.07h
Se cumplen cincuenta años de una de las mejores novelas del siglo XX catalán, «Les històries naturals» de Joan Perucho (1920-2003), y Edicions 62 la reedita con prólogo de Julià Guillamon. Un prólogo documentado que desvela los episodios históricos y caracteres que inspiraron a los protagonistas de aquella obra que los afiliados al Evangelio de San Lukacs, léase realismo socialista, no supieron o no quisieron descifrar en su momento. Las guerras carlistas, con Cabrera el Tigre del Maestrazgo; el Drácula de Bram Stoker y la silueta del Nosferatu de Murnau; la Barcelona ilustrada, tratados de botánica y zoología y topónimos inquietantes como Pratdip componen una trama que siempre se relee con gusto. Pero a todas esas aportaciones, más conocidas por los tratadistas literarios, Guillamon añade una perla: la razón de ser de esa novela que Harold Bloom incluyó en su «Canon occidental»; la experiencia de la guerra civil —las guerras carlistas fueron tres guerras fratricidas— y el deseo de la definitiva reconciliación entre los combatientes de ambos bandos. Perucho, apunta el prologuista, era partidario de «enterrar los fantasmas de la Guerra Civil» y de «lliurar el passat al domini de la historia», una frase tomada de las «Memorias documentadas» del teniente general Manuel Llauder, ministro de Isabel II en la primera carlinada. Una vez demostrada la alegoría política, el prologuista se pregunta si los lectores «descubrieron su significado latente». Tras publicar «Les històries naturals» en 1960, Perucho se volcó en el periodismo —colaboró en ABC— y se alejó de unos ambientes catalanistas, «cada vez más politizados». Tardaría dos décadas en volver a escribir novela.
Un autor tan fascinante como sus personajes. En sus estanterías se alineaban los libros que germinaron universos literarios. De la actualidad no le interesaba nada: «Hoy sólo se valora lo más vendido, autores que duran dos semanas… ¿Quién se acuerda de Adriano del Valle, de Álvaro Cunqueiro? ¿Les olvidan por sus ideas políticas?» Señalaba una primera edición de la Commedia: «Cuando leo a Dante no me preocupa si era güelfo o gibelino…»
Evocaba su visita a la tumba de Poe en Baltimore. Una hoja otoñal, acompasada por el viento de la tarde, cayó sobre su frente mientras observaba la lápida del arquitecto de la casa Usher... Lo que para Newton sería una simple manifestación de la ley de gravedad, para Joan Perucho atesoraba una epifanía. Citaba sus poetas de cabecera: «Hölderlin, Sánchez Juan, Valery, Sánchez Mazas.» Repetía una y otra vez un verso de Sánchez-Juan: «Doneu-me joia per morir». Llegó, al final, la muerte, y el escritor no la consideró una intrusa. Se marchó, sigiloso, con sus criaturas de la noche.
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