Será pura coincidencia, si es que las coincidencias existen en este ámbito. Pero resulta cuando menos sorprendente que después de que el diario "El País" contase -entre sus informaciones sobre las masivas filtraciones de documentos del Departamento de Estado- que la Embajada de EE.UU. en Madrid trató de cambiar el cuadro de Pissarro del Thyssen que reclamaba un ciudadano norteamericano por su ayuda en la devolución del tesoro expoliado por Odyssey Marine Exploration, ahora la empresa de cazatesoros trate de utilizar la información para reabrir un caso como este. Es raro por varios motivos.
Primero porque, consultada la otra parte, los ministros de Cultura que se reunían con el embajador de EEUU, todos niegan de manera taxativa el intento de trato y además se ciñen a lo que los cables de Wikileaks dicen textualmente: que eran dos asuntos que estaban sobre la mesa, junto a otros, pero nunca en términos de «arregla tú esto y yo arreglo a cambio lo otro».
Los ministros Carmen Calvo y César Antonio Molina fueron muy claros al hablar de esto con ABC, en el sentido de que el embajador nunca abordó el asunto de manera tan zafia ni podría haberlo hecho y también porque la respuesta dejó meridianamente claro que esos dos temas eran asuntos muy diferentes que en ningún caso se iban a transar o mezclar.
Pero la aparición de ese enfoque dado por «El País» ha servido de inmediato a Odyssey. Primero para protestar ante su Gobierno de manera formal, escribiendo a Hillary Clinton, con el único fin de justificar su siguiente paso, que ha sido utilizar wikileaks para impugnar un juicio en el que hasta la Marina y la Administración Obama se pusieron del lado español frente a un acto tan execrable que motivó que la sentencia le diese absolutamente la razón a España: El barco era un buque con inmunidad soberana y no hay dudas a este respecto para el Tribunal de Tampa, en Florida. Cabe apelar esa decisión, como Odyssey hizo, y esperar la resolución. Y punto.
Por más inocente que fuese el enfoque dado por «El País» a esa información, lo cierto es que los cazatesoros han sabido aprovecharlo en su beneficio y todo el «lobby treasurehunters», incluidos congresistas afines a la empresa, sirve de caja de resonancia a esta nueva hipótesis: que la Casa Blanca sacrificó a Odyssey en beneficio de oscuros e injustificables intereses políticos, violando la neutralidad y jugándose a cara o cruz los dividendos de sus accionistas. ¿Es que ellos no conceden el beneficio de la independencia a la justicia estadounidense cuando no les da la razón? Eso parece.
O sencillamente son conscientes de que en este juicio esta en juego buena parte del futuro de su negocio. Al menos la parte que tiene que ver con la impunidad de sus acciones.
Odyssey ha sido en España lobo con piel de cordero. Acostumbra a tratar con gobiernos impresionables ante su alarde tecnológico, su opaca estrategia negociadora. Pero esa costumbre no los ha convertido en heroicos Indiana Jones engañando a corruptos funcionarios de repúblicas bananeras, o eso cabe esperar. Tienen amigos poderosos, pero incluso ellos deberían saber que han sido utilizados sin mucho escrúpulo para echar tierra -o un kilómetro de agua salada- sobre el asunto. Aunque estén temiendo otro fracaso judicial y traten de envenenar esta polémica con ribetes dignos de la próxima película de Jason Bourne, falta poco tiempo para que el Tribunal de apelación resuelva.
Aun podrían recurrir al Supremo, pero en EE.UU. esa es una opción con la que no se juega.


