Cultura

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Los museos italianos recurren a las artimañas para garantizar su futuro

Agobiados por las facturas, consiguen ingresos extraordinarios alquilando sus salas, con rodajes de películas y desfiles de moda, o bien publicitando coches

Día 04/01/2011
ABC
La reciente presentación de dos coches junto al Ara Pacis de Roma levantó ampollas
En Italia los museos no están dispuestos a que les suceda lo que a Chillida-Leku, que recientemente anunció su cierre por falta de fondos económicos para mantenerlo. Por fortuna, en este país también parece imposible que se vean obligados a seguir los pasos del Philadelphia History Museum, que ha tenido que vender cuadros para pagar 6 millones de dólares para una necesaria reestructuración. Agobiados por las facturas a pagar, los museos italianos se inventan mil trucos para garantizar su futuro con ingresos extraordinarios y equilibrar sus balances: alquilan salas para comidas, cenas o encuentros de empresas; permiten desfiles de moda o rodaje de películas; buscan patrocinadores y aprovechan a sus expertos como consultores de bancos o instituciones que son coleccionistas de obras de arte... Al mismo tiempo, reducen al máximo los gastos, utilizando bombillas de bajo consumo o pasándose a la energía fotovoltaica.
En definitiva, en los grandes museos italianos es posible cenar con Picasso, Van Gogh o Chagall, o sentirse casi de la Corte borbónica en las salas del Museo Nacional de Capodimonte, que fue palacio de los Borbones en Nápoles. Su gran salón de baile se alquila por 15.000 euros la noche. El salón de la cuna, llamado así porque era la sala donde se mostraba al príncipe cuando nacía, hoy se alquila por 10.000 euros. También se ofrece, por 5.000 euros, el espacio dedicado a obras de arte contemporáneo. Incluso los jardines del museo se alquilan para actos particulares. De esta forma, el Museo Capodimonte puede tapar los agujeros que en su presupuesto dejan las facturas: 622.000 euros al año en concepto de gas, electricidad y agua; 204.000, en manutenciones ordinarias y 235.000 en limpieza.
Hasta ahora, al frente de los museos se elegían a historiadores del arte, pero cada vez es más frecuente ver a managers que los gestionan como una empresa, con un claro objetivo: evitar la quiebra, porque las cuentas no salen. Por ejemplo, en la Galería Nacional de Arte Moderno de Roma, los gastos anuales son 2,5 millones y los ingresos ordinarios, 890.000, que solo bastan para pagar las facturas de gas y electricidad: 700.000 para el gas, necesario para el funcionamiento del sistema del aire acondicionado; 180.000 para electricidad, y 50.000 por el impuesto de basura. Una tasa que pagan los museos, al igual que un restaurante o un negocio. Por ello, no queda otro recurso que buscar alternativas. Así, el alquiler de una sala para una noche en la Galería Nacional de Arte Moderno cuesta una media de 5.000 euros. Su directora, Maria Vittoria Marini Clarelli, aclara que «se valora previamente los contenidos del encuentro, “obligando” a los huéspedes a visitar el museo. Así unimos a los actos una parte educativa».
La misma historia, en la Galería Borghese de Roma, que ha ideado también las visitas reservadas, cuya tarifa puede llegar a los 25.000 euros para 250-400 visitantes, número máximo que el museo puede acoger al mismo tiempo. «Hay casos —afirma la directora de la Galería Borghese, Anna Coliva— en los que se reserva el museo para toda la jornada. Lo ha hecho, por ejemplo, Rupert Murdoch, que pagó todas las entradas que hubiéramos ingresado ese día, más el canon de alquiler». En parte, la Galería Borghese sigue el ejemplo de los Museos Vaticanos, donde las empresas o personajes de relieve que lo pagan pueden invitar a sus clientes, amigos o empleados a una visita exclusiva y privada a la Capilla Sixtina.
En su afán por hacerse con ingresos extraordinarios, algunos museos aceptan a veces iniciativas polémicas. Por ejemplo, levantó ampollas que en estas vísperas navideñas el Museo del Ara Pacis de Roma ofreciera su histórico y fantástico escenario para la exhibición de un par de coches, el modelo utilitario «Dany». Claro que muchas de las críticas se hicieron menos feroces cuando supieron que Belumbury Auto Tuning había pagado 80.000 euros por tres días de exhibición publicitaria de sus coches en el Ara Pacis.
En definitiva, los museos italianos se inspiran cada día más en el lema bíblico «ayúdate, que Dios te ayudará».

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