Como de ilusiones sí que vive el hombre (o eso parece), el establecimiento con mayor número de clientes de la Gran Vía era, con diferencia, Doña Manolita. Ayer, a media tarde, alrededor de 200 personas formaban cola para comprar el número de la suerte que les llevara al paraíso de los 300.000 euros el próximo día 22. La Lotería de Navidad sigue siendo la estrella de las compras en estas fechas, a juzgar por la fila que doblaba la avenida y se metía por la calle de Mesoneros Romanos.
En la Puerta del Sol, también el gentío. Sin embargo, los puestos de personas, muchas familiares, que venden lotería con algunos euros de recargo por décimo de esa y otras administraciones madrileñas con solera no tenían tanta suerte. Isidro se queja de lo mal que les van las cosas: «La gente se para mucho y no compra», dice este lotero, que lleva allí parapetado detrás de una mesilla con su mujer y su hijo las últimas semanas.
«No nos da ni para el bocadillo. Hoy habré vendido ocho o nueve décimos, y el menú del bar me cuesta 10 euros. Esto está peor que el año pasado, incluso. Debe de ser por la crisis...». Siempre la misma causa.



