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Los «wikicotilleos» empañan la cumbre iberoamericana

Cristina Fernández intentó convencer ayer a Zapatero para que viaje a Mar del Plata y evitar una ausencia inédita

Día 03/12/2010
EFE
Un policía vigila la playa Bristol, en Mar del Plata, donde hoy comienza la XX cumbre iberoamericana
De luto por la muerte de su marido y con más frentes —internos y externos— abiertos de los previstos hace apenas una semana, Cristina Fernández de Kirchner levanta esta tarde el telón de la XX Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y Gobierno. El efecto WikiLeaks sobrevuela junto a ausencias sonadas como la de España y la exclusión deliberada de Honduras. Ambos hechos no tienen precedente en la historia de estas reuniones. Tampoco las revelaciones de despachos confidenciales que pueden tensar las relaciones de Argentina con Bolivia o las ya complicadas de Venezuela, Colombia y Brasil.
Anfitriona incómoda, por lo que se dice de ella (y de su equilibrio mental) y lo que pasa en el mundo, la viuda de Kirchner afronta además una cadena de casos de corrupción —durante la Administración de su marido (2003-2007)— que salpican a empresas españolas. También de cuño reciente le estalla un escándalo que, siempre presuntamente, revela la existencia de una red de espionaje coordinada por su jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, para husmear en los correos electrónicos de políticos argentinos. Con estos antecedentes, la cumbre que responde al título de «Educación para la inclusión social» promete más análisis de «inteligencia» que de cultura general, salvo que ésta tenga que ver con despachos diplomáticos, «mails» o cualquier otra trama virtualmente secreta.
La presidente de Argentina, decepcionada con la política, las amistades (Hillary Clinton y Michelle Bachelet no hablaron bien de ella en WikiLeaks) y la ausencia del presidente del Gobierno, intentaba ayer convencer por teléfono a José Luis Rodríguez Zapatero para que hiciera un esfuerzo y, aunque tarde, viajara para estar hoy en Mar del Plata. Nunca, desde la creación de estas cumbres en 1991, había estado ausente un presidente del Gobierno español.
Al plantón de Zapatero se sumó el de Bolivia. El presidente Evo Morales justificó su ausencia oficialmente a causa de la convalecencia por la operación de rodilla a la que se sometió hace semanas. Extraoficialmente, se apunta su falta al malestar con Cristina Fernández por las revelaciones de WikiLeaks. Según documentos confidenciales de la Embajada de EE.UU., la presidente de Argentina se había prestado a colaborar con el Gobierno de Barack Obama para frenar las posiciones extremas de Morales y su conocido espíritu beligerante con EE.UU. «No es una persona fácil… Todos necesitamos de paciencia», le atribuyen los despachos a la presidenta, que pide prudencia para «que no parezca una operación política». Fuentes locales señalaron que el Gobierno argentino estaba tratando de explicar a Evo Morales «el malentendido».
Lula y las FARC
Más difícil será asimilar en esta cumbre las últimas revelaciones, en las que EE.UU. asegura que Lula da Silva conocía la presencia de efectivos de la guerrilla de las FARC en territorio venezolano y hacía la vista gorda; o aquellos despachos en los que Washington considera que el matrimonio Kirchner no tenía vocación de combatir el narcotráfico y le atribuye paraísos fiscales como destino de parte de su fortuna secreta. Pero también España se encuentra en una posición difícil por doble vía: WikiLeaks y una avalancha de correos electrónicos —en poder de cuatro jueces federales— que vinculan a una veintena de grandes empresas con sobornos y comisiones ilegales para adjudicaciones y negocios en Argentina. Entre otras, Repsol, Telefónica, Endesa y Aerolíneas Argentinas cuando estaba gestionada por Marsans. En ese contexto, de correos electrónicos y despachos diplomáticos, EE.UU. le atribuye al secretario general de la Presidencia, Bernardino León, haberse sorprendido por «el tono populista y el nivel de corrupción» de Argentina, una frase que difícilmente habrá encajado bien Cristina Fernández.
Ajeno al mundo WikiLeaks y posiblemente más concentrado en su disputa territorial con Costa Rica, el presidente Daniel Ortega prefirió quedarse en Nicaragua y el cubano Raúl Castro, salvo sorpresa de última hora, optó por La Habana. No está confirmada la presencia de Hugo Chávez. Su ausencia privaría a la cumbre de su andanada de críticas a Estados Unidos en Mar del Plata y hasta plantearía al resto de los presidentes una condena a la Administración de Obama. «Una cosa es que se aborde el tema y otra muy distinta que se apruebe un documento. No lo veo posible», advierten fuentes de la organización de la cumbre.
El presidente venezolano tenía previsto recurrir a un escenario paralelo a la cumbre oficial. Chávez había reservado una plaza pública para arengar a la multitud contra «el imperialismo yanqui», como suele referirse a EE.UU. El modelo lo estrenó durante la contra-cumbre de las Américas de 2006 en esta ciudad. Entonces, la bestia negra de su retórica fue George Bush y el maltrecho ALCA (Acuerdo de Libre Comercio de las Américas).
La posición inflexible, en especial de Argentina y Brasil, con el «caso de Honduras» dividió las aguas de los países miembros. El bloque duro hizo inviable que Porfirio Lobo recibiera una invitación a la cumbre, ya que no le reconoce legitimidad por surgir de las urnas convocadas por un golpista. El presidente de Honduras, para evitar más tensiones, optó por «autoexcluirse», como recordó Enrique Iglesias, secretario general de la cumbre. Su decisión deja pista libre al tratamiento de una cláusula democrática, a instancias de Cristina Fernández. La anfitriona, como es habitual y más estando en casa, volverá a reclamar la soberanía de las Islas Malvinas.
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