La nebulosa de polvo y gas que generó el Sol dejó de existir hace tiempo, pero la mayor parte de las miles de estrellas nacidas en el mismo cúmulo deberían haber sobrevivido, como lo hizo la nuestra. Hace un año, el astrónomo Simon Portegies Zwart, de la Universidad de Lieden, en los Países Bajos, afirmó que los científicos podían ser capaces de encontrar a los hermanos perdidos del Sol. Calculó cómo se dispersaron las estrellas según orbitaban alrededor del centro de la galaxia, y estimó que entre 10 y 60 de ellas deberían residir a menos de 330 años luz de la Tierra. A esa distancia, una estrella similar al Sol sería visible con unos prismáticos.
El pasado mes de mayo, astrónomos de la Universidad Estatal de Missouri (EE.UU.) hacían público el resultado de su búsqueda. Tan sólo un candidato poco fiable. Los investigadores se encontraron con un problema de escala. En el caótico proceso de la formación estelar, las estrellas son expulsadas desde la nube de gas en la que se han formado como si fueran disparadas por una gigantesca manguera. Los mil hermanos del Sol pueden estar en cualquier parte hasta a 3.000 años luz de la Tierra. Los científicos tienen información precisa sobre 100.000 estrellas, pero eso no es suficiente. El mapa se queda corto.
Lanzadas por fuertes brazos
Por si esto fuera poco, el astrónomo Yury Mishurov, de la Universidad Federal del Sur en Rostov-on-Don, en Rusia, añade una complicación: los brazos espirales de nuestra galaxia, que pueden lanzar las estrellas muy lejos con su gravedad. El científico ha realizado simulaciones de cómo estas estrellas pudieron entrar y salir de los brazos espirales durante 4.600 millones de años, y la conclusión no es muy optimista. «Las estrellas se dispersaron en un espacio muy amplio», señala Mishurov.
En algunas simulaciones, las estrellas se esparcieron a lo largo de una órbita completa alrededor del centro galáctico. Sólo tres o cuatro permanecieron a menos de 330 años luz de nuestro planeta. «No podemos decir que sea absolutamente imposible encontrar hermanos, pero es una tarea muy difícil», reconoce Mishurov. Aunque las conclusiones son amargas, han convencido al propio Portegies Zwart, que está de acuerdo con el contenido de la investigación, publicada en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society. «Al final, lo que cuenta es que encontremos a los hermanos solares. Creo que es un error dejar de buscarlos».
El caso es que no sólo es difícil ubicarlos en el Universo, sino también reconocerlos. Supuestamente tienen la misma composición, pero ninguno de ellos lleva un carné de identidad que los distinga de forma inconfundible una vez demos con ellos. El trabajo será agotador.









