La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) decidió incluir al flamenco en la lista de «Patrimonio inmaterial de la Humanidad», junto a los «castells» catalanes, el canto de la Sibila mallorquina, la dieta mediterránea y la cetrería. Formaban parte de 47 candidaturas internacionales.
La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, felicitó efusivamente a las cinco tradiciones españolas reconocidas por la Unesco, y emplazó: «No solo este Gobierno, sino los que vengan después, las instituciones, las administraciones y la propia sociedad tendrán que mimar todavía más para que se preserven, se continúen estas tradiciones inmateriales, que no se alteren y que sigan evolucionando con un respeto a la pureza y la tradición». Del flamenco, Sinde recordó que no siempre este arte ha vivido momentos de «bonanza y legitimación social y cultural como el actual. Grandes artistas como Paco de Lucía nos pueden contar cómo era el flamenco en los años 60 ó 70, cuando solo con su trabajo empieza a ser internacionalmente reconocido».
Como señala a ABC la directora general del organismo, Irina Bokova, el distintivo no sólo es un premio a estas disciplinas, sino «al amplio y diverso número de bienes culturales con los que cuenta España». Ángeles Albert, directora general de Bellas Artes, señaló que la designación del flamenco como Patrimonio de la Humanidad inmaterial debe ser «el espaldarazo definitivo».
Sentimiento del pueblo
El presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, anunció que promoverá en los próximos meses la creación de un grupo de trabajo que se encargue de estudiar la inclusión del flamenco en el currículo escolar, iniciativa que responde a una «demanda histórica» en Andalucía y que tendría como objetivo «facilitar que los niños y niñas tengan acceso al conocimiento del flamenco desde temprana edad». El consejero de Cultura, Paulino Plata, aseguraba que el galardón provocará que, al fin, el arte flamenco «ocupe el espacio que le corresponde, tras más de dos siglos de historia», en una disciplina que «nace del pueblo y transmite sentimientos, aunque en ocasiones haya sufrido un tratamiento menor».


