Cultura

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Disidencia del cine populoso

Su aportación a la historia del cine consiste en haber creado una forma autóctona que bebía del casticismo

Día 14/11/2010
ABC
Berlanga, con el también cineasta Juan Antonio Bardem
Basta hablar con algún cinéfilo extranjero, de habla no hispana, para comprobar que Berlanga sigue siendo un tesoro oculto del cine español, lo que contrasta con nuestra percepción: es evidente que fue uno de nuestros mejores cineastas. Hay dos razones para esto. La primera también es evidente: sus películas dependen de la palabra, del acento, del giro verbal y, como es un cine coral y todos hablan a la vez, es imposible de subtitular. La segunda razón es más perversa y atañe a lo que podríamos llamar la geopolítica de los autores: el cine de Berlanga no se ajusta al modelo de autor internacional que se gesta en los años 50 y estalla en los 60, pese a su parecido con el de Fellini, que sí entró enseguida en el canon. Pero, para ser exportable en el mercado de valores del cine, a Berlanga le faltaba el contenido político explícito que se exige a los autores que surgen de un régimen reprobado: hay que ser un disidente, cosa que hizo la fortuna de un Saura. Hoy esto parece risible, ante unas películas que convierten el espejo deformante del esperpento en un arma crítica de primer orden. Pero incluso a ese cinéfilo guiri (como diría don Luis) le costaría entender que el protagonista de El verdugoes un ejecutor de presos comunes, no de represaliados del franquismo.
La imagen más terrible de El verdugoes la del pasillo de una cárcel mallorquina que se va quedando vacío, despoblado del microcosmos (la Iglesia, el ejército, la sociedad civil) que se arremolinaba allí un momento antes. Es quizá la mejor imagen que nos dejó este cineasta más sonoro que visual, en parte porque define en negativo, reduciéndolo a un eco que se apaga, el carácter de su trabajo. Caudaloso y bullicioso, el cine de Berlanga contiene multitudes y su desarrollo formal atiende a estos problemas: ¿cómo meterlos a todos en un plano, como planificar una escena? (respuesta: con el plano secuencia); y, ¿cómo hacer que se les entienda? (respuesta: con el doblaje posterior al rodaje, el sonido directo lo convertiría en una jaula de grillos).
Contra el cine de autor
Cuando ya estaba por encima del bien y del mal, a Berlanga le dio por arremeter contra el cine de autor, que había alienado al público español de su cine. No creo que lo hiciera por mero resentimiento de no figurar en el canon internacional. Su cine no tenía vocación elitista, ni él iba de artista. De hecho, lo que hizo fue explotar formas populares de nuestra tradición, y al final de su carrera, cuando su cine se hizo más fallero, esta conexión queda más clara. Algunos cineastas acceden al canon por crear una forma nueva (el húngaro Jancso, por citar otro maestro del plano secuencia); Berlanga desarrolló un cine coral (como Renoir, Altman o el Ford irlandés) pero, sobre todo, su aportación a la historia del cine, nacional y mundial, consiste en haber creado una forma autóctona que bebía del casticismo y que reflejaba una forma de ser, la de un país con complejo de pequeñito y retrasado respecto al consorcio europeo, un país de personajes aplastados (en el plano, en la realidad social) por su circunstancia, como el infeliz Nino Manfredi.
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