Los investigadores del MIT comprobaron que, al igual que la trompa de los elefantes y los tentáculos del pulpo, la lengua de los gatos es extremadamente ágil. Los gatos curvan la lengua hacia atrás de modo que la superficie superior toca ligeramente el líquido. Cuando el animal levanta su lengua con rapidez, el agua se repliega en una columna de líquido que crece por inercia. Entonces, el gato cierra su mandíbula para capturar el líquido antes de que la gravedad rompa la columna.
Para tener una idea del mecanismo de los lametazos, el equipo realizó experimentos físicos en los que un mecanismo imitaba el movimiento del animal. Sus hipótesis pudieron ser confirmadas después al observar cómo beben ocho especies de felinos en diferentes vídeos facilitados por el zoológico de Nueva Inglaterra o en YouTube.
Más grande, más lento
La forma en que los gatos beben es muy diferente a la de los perros, que utilizan la lengua para recoger el agua y se llenan las mejillas. La lengua de los gatos es también muy rápida, puede moverse casi un metro por segundo. Curiosamente, cuanto más grande es un felino, más lento bebe.
Para aquellos que crean que saber cómo bebe un gato no tiene ninguna importancia, Stocker tiene una respuesta. «La ciencia nos permite observar los procesos naturales con otros ojos y entender cómo funcionan las cosas, incluso si eso consiste en averiguar cómo mi gato se toma su desayuno», explica con humor. No solo eso. La investigación inspirada por «Cutta Cutta» también pueden ayudar al desarrollo de tecnología robótica.











