Cataluña

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La mejor imagen de Barcelona

El mundo asiste deslumbrado al descubrimiento de la Sagrada Familia, desde siempre imán de turistas, ahora también de peregrinos

Día 08/11/2010
AFP
Las entrañas de una joya al descubierto, un bosque de palmeras y una ópera de la luz
Barcelona, de nuevo, bajo el foco mundial. Barcelona, de nuevo protagonista de un formidable «spot» de promoción de la ciudad, pero esta vez no asociado ni a unos disturbios —en «youtube» las entradas con los conceptos «Barcelona riot» arrasan— ni a una gesta deportiva ni a la pericia de sus carteristas. Si en 1992 en la memoria de medio mundo quedó la imagen de ese saltador de trampolín haciendo un mortal con la ciudad de fondo, es muy probable que a ese icono se sume ahora la imagen de la nave central de la Sagrada Familia deslumbrante por la luz derramándose desde los lucernarios. Mal que le pese a algunos, el templo de Antoni Gaudí, el símbolo más universal de Barcelona, se convierte de manera definitiva en un símbolo católico, desde siempre imán de turistas, ahora también de peregrinos.
«Esto no es ni un parque temático ni un auditorio», explicaba hace pocos días a ABC el arquitecto director del templo, Jordi Bonet. Tenía razón en parte, porque para muchos la Sagrada Familia seguirá siendo únicamente un punto más en su ruta turística, un parque temático de la arquitectura, para muchos otros sin embargo, y gracias a la transmisión televisva «urbi et orbi» de ayer, la nueva basílica ya es un nuevo hito espiritual como lo puede ser la iglesia del Obradoiro de Santiago de Compostela. Al margen, y como un nada desdeñable efecto secundario, de la visita de Benedicto XVI, y por si alguien aún albergaba dudas sobre la conveniencia de continuar con los trabajos de construcción, la Sagrada Familia adquiere un impulso se diría que definitivo: la fecha de 2026 como horizonte de finalización de las obras empieza a vislumbrarse con absoluto realismo.
Al margen de las implicaciones directas para la Sagrada Familia, la visita del Papa concluye con un balance positivo para la ciudad, tal y como ayer quiso resaltar el alcalde Jordi Hereu, durante estos días muy metido en su papel institucional. El dispositivo de seguridad, de tráfico, logístico en definitiva, funcionó sin sobresaltos, dando de nuevo la ciudad de Barcelona una imagen de solvencia organizativa que, en tiempos de incertidumbre económica, es ahora un gran patrimonio, ya se trate de la llegada de una etapa del Tour, ya se trate de dar realce a la estancia del Papa en la ciudad...
En este campo, incluso la consellería de Interior dirigida por Joan Saura (ICV) contribuyó ayer a no emborronar ese dibujo, con un vistoso despliegue de 4.000 efectivos —incluidos cadetes de la Escuela de Policía— jalonando todo el recorrido del Papamóvil. Las acciones de protesta de los contrarios a la visita, y descontando momentos de tensión puntuales, rozaron lo anecdótico.
A la fluidez del dispositivo contribuyó el hecho de que finalmente fuesen unas 250.000 las personas que participaron —6.500 en el interior del templo, 50.000 en exterior, 10.000 en la Monumental, y el resto a pie de calle—, frente a las más de 400.000 que se habían previsto. La menor presencia de gente en las calles y lo apretado de los horarios hizo que los 3,5 kilómetros de distancia entre el Arzobispado y la Sagrada Familia se cubriesen en apenas diez minutos—se habían previsto 30—, lo que generó alguna decepción entre los presentes.
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