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Bush: «Aznar era un líder visionario»

El ex presidente de Estados Unidos lanza sus memorias «Decision Points» en plena efervescencia republicana tras las elecciones legislativas

Día 09/11/2010 - 11.03h
Aunque a su salida de la Casa Blanca se olvidó notoriamente de José María Aznar al condecorar a todos sus grandes aliados internacionales, el presidente George W. Bush sí que ha incluido al ex presidente del Gobierno español en sus memorias, de las que ABC ha obtenido una copia antes de su lanzamiento en Estados Unidos previsto para este martes. De acuerdo al relato en primera persona de Bush, Aznar era un «líder visionario» que le acompañó en todo momento durante el pulso diplomático contra el régimen de Sadam Husein y la posterior invasión de Irak.En su libro —titulado «Puntos de Decisión» («Decision Points», editorial Crown, 497 páginas)— el antecesor de Obama explica que durante el año 2002 compartió la amenaza contra la seguridad internacional que suponía Irak con diferentes líderes del mundo, incluido José Maria (sin acento) Aznar de España. Según Bush, «me resultó revelador que algunos de los más intensos partidarios de hacer frente a Sadam eran aquellos con los recuerdos más frescos de lo que era una tiranía».
REUTERS
Bush y Aznar en la base aérea de Terceira (2003)
El presidente número 43 de EE.UU. también destaca el intenso respaldo que recibió del gobierno de España en el frente de la ONU y la participación de Aznar en la «cumbre de último minuto sobre estrategia diplomática» convocada en las Azores. Al término de esa cita en el archipiélago portugués, Bush explica que «todos estuvimos de acuerdo en que el esfuerzo diplomático había llegado a su final». Con planes para terminar los intentos de buscar el visto bueno del Consejo de Seguridad de la ONU para el uso de la fuerza y pasar a la acción con un ultimátum de 48 horas para que Sadam y sus hijos abandonasen Irak.
Cuando las tropas de Estados Unidos llegaron por fin hasta Bagdad, con la simbólica estampa de la estatua del dictador iraquí arrancada de su pedestal en la plaza Firdos, una de las primeras llamadas telefónicas desde la Casa Blanca «para compartir las noticias» fue a Moncloa. Según Bush, con todas las asignaturas pendientes en Irak, le dijo a Aznar «no nos van a ver haciendo ningún baile de la victoria o algo parecido». Pero ante el posterior fiasco, empezando por el discurso sobre la cubierta del portaaviones «USS Abraham Lincoln» bajo el cartelón de «Misión Cumplida», Bush reconoce que debió haber seguido su «propio consejo» compartido con Aznar.
A lo largo de 14 capítulos, las memorias no tradicionales de Bush se centran en sus principales retos de su vida personal y política. Desde la opción de dejar el alcohol, su inquietudes religiosas y las grandes decisiones de su presidencia. Como por ejemplo las órdenes impartidas para derribar adicionales aviones secuestrados durante la ofensiva terrorista del 11-S. Hasta el punto de temer que el vuelo 93 de United, que se estrelló en una zona rural de Pensilvania por una revuelta del pasaje, había sido destruido por cazas del Pentágono.
Defensa de su legado
Con una primera edición de 1,5 millones de ejemplares, el libro del ex presidente tiene un evidente tono de justificación y defensa de su legado. Durante los dos últimos años fuera de la Casa Blanca, George W. Bush ha mantenido una mínima presencia pública, dedicado a organizar su museo y «think tank» en Dallas, con algunos discursos pagados a 150.000 dólares. Pero siempre negándose a emitir juicios sobre la gestión de Obama. Aunque esta semana, se espera que Bush interrumpa todo ese silencio con múltiples apariciones televisivas para promocionar el libro, cuyo lanzamiento habría sido aplazado hasta después de las legislativos de noviembre para no causar interferencias con el triunfo de los republicanos.
El ex presidente de 64 años insiste en su volumen en que la decisión de invadir Irak fue la adecuada porque «Estados Unidos se encuentra más seguro sin un dictador homicida» en búsqueda de armas de destrucción masiva y porque el pueblo iraquí se ha beneficiado de «un gobierno que les tiene que responder en lugar de torturarles y asesinarles». También justifica el permiso a la CIA para utilizar interrogatorios coercitivos contra sospechosos de Al Qaida, incluida la simulación de ahogamientos, lo que a su juicio sirvió para salvar vidas inocentes.
Entre los detalles no conocidos de su presidencia, Bush revela también que contempló seriamente la posibilidad de presentarse a la re-elección en el 2004 sin su «número dos» Dick Cheney, para «demostrar que yo estaba a cargo». Pero tras considerar durante semanas esa opción, planteada por el mismo vicepresidente, Bush optó por no prescindir de los servicios del beligerante Cheney: «No le había elegido porque fuera una ventaja política, le había elegido para que me ayudase a hacer el trabajo».
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