Al reformar el Registro Civil, el Gobierno solo pretende asestar un golpe definitivo al concepto jurídico de «familia» tal y como todavía hoy se concibe, fomentar el individualismo y eliminar una tradición histórica basada en la preferencia del apellido paterno en los recién nacidos. Es, una vez más, la raquítica concepción que tiene el Gobierno de la igualdad y el nulo respeto por tradiciones que solo una exigua minoría discute. No es cuestión de machismo o de igualdad. De nuevo el Gobierno da una pésima lección al legislar sobre asuntos irrelevantes, ajenos al interés mayoritario y que en absoluto forman parte de la inmensa lista de prioridades y preocupaciones del ciudadano.
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Federico Marín Bellón


