Castilla y León

Castilla y León / ENTREVISTA a las pianistas Katia y Marielle Labèque

«Los niños conocen a Lady Gaga, pero no a Albéniz»

El dúo pianístico más famoso del mundo ha fijado su residencia artística en el Centro Cultural Miguel Delibes para las dos próximas temporadas

Día 02/11/2010 - 08.25h
ical
Las hermanas Labèque
Tras varios años de residencia en Leipzig, ya se encuentran en Valladolid. Aquí desarrollarán sus nuevos proyectos musicales, que incluyen la grabación del «Nazareno», de Osvaldo Golijov, y la pieza con la que saltaron a la fama, «Rhapsody in blue», de Gershwin, además de implicarse en el proyecto educativo del Auditorio, que consideran fundamental para atraer nuevos públicos a la música clásica. Especializadas en tocar a dos pianos, Marielle, y en especial la pizpireta Katia, han coqueteado con los estilos musicales más diversos, desde el jazz al pop, lo que les ha llevado a trabajar junto a artistas como Sting o Madonna. Sin embargo, pese a llevar veinte años en la cúspide, siguen con las misma ilusión de «encontrar nuevos repertorios y poder interpretar la música clásica al más alto nivel».
—¿Cómo surgió el proyecto de venir como artistas residentes al Centro Cultural Miguel Delibes?
—Katia: La idea partió de Félix Alcaraz (gerente de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León). Él vino a vernos a Leipzig y allí lo hablamos. Ahora estamos encantadas de haber venido. Valladolid es una ciudad muy atractiva porque tiene mucha cultura y el auditorio cuenta con unas salas increíbles, no sólo la principal, sino también la de cámara y la «sala rock». Es importante, ahora que en España hay infraestructuras como éstas, disponer de gerentes como Félix, jóvenes, con una gran cultura e interesado en cosas diferentes para intentar llegar a distintos públicos, que es lo ideal.
—Después de llegar a la cúspide, ¿Qué reto les mueve?
—K: El de poder continuar desarrollando el repertorio, encontrar nuevos proyectos y poder interpretar la música clásica al más alto nivel, acompañadas de orquestas bellísimas. Ahora tenemos un proyecto que nos encanta junto a Simon Rattle, con el que estaremos de gira en junio. Creo que cada año nos llegan trabajos interesantes. Además, tenemos nuestro propio sello discográfico, que aunque para nosotras es un enorme trabajo, también nos permite hacer lo que queremos. Al final, lo importante es poder lograr la música que quieres tocar y hacerlo bien, con una buena técnica y una buena producción. Es verdad que después de tantos años podríamos decir que ya lo hemos hecho todo, pero no, porque siempre tenemos ganas de aprender repertorios nuevos y eso es lo que nos motiva para continuar creciendo.
—En el concierto ofrecido el pasado viernes en el Miguel Delibes interpretaron obras de compositores con los que trabajaron al inicio de sus carreras (Ravel, Albéniz,...). ¿Siguen siendo sus compositores de referencia?
—K: Fueron nuestra base. Nuestra madre, Ada Cecchi, profesora de piano, fue antigua alumna de Marguerite Long, una famosa pianista de principios del siglo XX, muy amiga de Debussy y Ravel. Por eso para mi madre fue más normal que sus hijas empezaran con estos compositores que hacerlo con Schubbert. Además, muchas alumnas de mi madre procedían de la frontera española y querían tocar su música, así que en casa siempre se oía a Albéniz, Falla, Pedro Infante... Todos estos compositores españoles son geniales y creo que no tienen el sitio que deberían tener.
—Marielle: La música española siempre ha sido muy importante para nosotros. Es un repertorio que adoramos. Isaac Albéniz, por ejemplo, es un compositor muy importante, y la gente no conoce lo suficiente la Suite «Iberia» porque, ahora que Alicia Larrocha no está, no hay muchos pianistas que lo toquen. <CF5>
—Han trabajado con artistas que nada tienen que ver con la música clásica. ¿Qué aportan a su interpretaciones?
—Si, por ejemplo, hablamos de «Kalakan» (Thierry Biscar y Paxkal Indo), nuestro grupo que hace música tradicional vasca, tienen una manera de comunicar con el público increíble, no sólo muy amable, sino diferente. Esa gente que no tiene nuestra cultura musical, tiene a veces mucha más imaginación, y nosotras, en la adaptación del Bolero de Ravel para dos pianos nunca hemos conseguido lo que con ellos logramos en el escenario. Además, es fantástico viajar con ellos. Nos han hecho descubrir de nuevo el País Vasco. Por ejemplo, ellos conocían todos los lugares donde Ravel iba a escuchar a músicos como ellos, que tocaban para hacer bailar a la gente en las plazas públicas, y que a este compositor le encantaban.
—Vienen al Auditorio para involucrarse también en su programa educativo. ¿Cómo se puede atraer al público joven a los conciertos de música clásica?
—No puedes llegar a un público diferente sino comienzas a educarlos cuando son pequeños. Los niños, cuando vuelven a casa de la escuela tienen el ordenador, la televisión... Conocen a Lady Gaga, pero no a Albéniz. Y no digo que sea posible acercarse a ellos como lo puede hacer Lady Gaga o Madonna, pero es importante acercarles la música clásica. En los proyectos que hemos desarrollado en Leipzig o Berlín hemos visto que a los niños les gusta participar.
—¿En qué se basa vuestro proyecto educativo?
—K: No hay esa distancia entre intérprete y espectador. Nosotras devolvemos al público lo que nos da, pero al niño todavía más. Claro que en un concierto no se puede chillar, pero si quieren comentar algo, ¿por qué prohibirlo? Esto también ha hecho mucho daño a la música clásica. Si vas a un concierto de rock puedes salir y entrar para comprar tu bebida, aplaudir cuando quieras... En cambio, en los conciertos de música clásica la gente tiene miedo a aplaudir entre los movimientos, es un sacrilegio y yo estoy en contra. Esto comenzó a partir del siglo XIX, pero antes la gente aplaudía cuando quería, y a mí me encanta si aplauden mientras estoy interpretando «Iberia».
—¿Qué importancia tienen los padres en la educación musical de sus hijos?
—K: Enorme. Nosotras podemos hacer todos los conciertos para niños que queramos, pero si los padres no nos siguen es muy difícil llegar a ellos.
—Otro de los proyectos que tienen en mente es grabar un documental sobre vuestra residencia en el Miguel Delibes. ¿Cómo surgió el proyecto?
—K: Es algo que nos habían propuesto hacer en más de una ocasión y nunca nos parecía que había una idea buena para llevarlo a cabo. Ahora se trata de un proyecto distinto y hay una razón. Aquí podemos contar una historia que no sólo tiene que ver con nuestra carrera, sino con nuestras vivencias en Valladolid y el amor con el que nos acercamos a la música española.
—A través de su fundación KLM, trabajan en el desarrollo del repertorio para dúo de piano. ¿Es difícil encontrar repertorios?
—K: La parte débil del repertorio con dos pianos es la de dos pianos con orquesta. Hay pocos conciertos, pero ahora, después de muchos años, vamos a tener nuevos conciertos. El pasado abril estrenamos «Paisajes sonoros de España», de Joan Albert Amargós. También en enero de este año comenzamos en París con «Nazareno», de Osvaldo Golijov y Gonzalo Grau, que estrenaremos en España el próximo enero en Valladolid. Es una pieza basada en la «Pasión según San Marcos», de Osvaldo Golijov, y es fantástica, porque nos ha permitido tocar con percusionistas venezolanos y mezclar los ritmos latinos con la música clásica. Y luego también hemos grabado proyectos como «Fuego y agua» y hemos ayudado a otros grupos. Cada artista que viene con un proyecto un poco original que no es sólo clásico, sino que incorpora jazz o una mezcla de influencias diversas, lo intentamos ayudar, siempre que haya un piano.
—¿Y en cuanto a los próximos trabajos discográficos?
—K: Tenemos nuestro propio sello, lo que nos da libertad para hacer lo que queramos. Ahora va a salir un «cd box», que incluirá cinco cd y un dvd con todo el trabajo que llevamos realizando desde hace tres años.
—M: Éste año va a ser muy intenso porque cada concierto es un proyecto en sí.
—Además del sello discográfico (KML Recordings) tienen en mente poner en marcha su propio estudio de grabación en Roma.
—K: Sí. Tenemos muchas ganas porque es otra libertad. Podremos tocar lo que queramos sin tener miedo a molestar a los vecinos.
—M: Será un lujo, porque no tendremos esa presión de saber que has alquilado un estudio y que tienes que grabar «Iberia» en tres días.
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