SI Telecinco quisiera de verdad reventar la audiencia con una miniserie dedicada a reflejar la saga de una famosa familia española con connotaciones políticas acertaría de pleno recreando la vida en Moncloa del matrimonio Zapatero con sus hijas góticas. Imaginen las escenas del presidente deprimido por una crisis que no sabe controlar, su esposa buceando en la piscina cubierta por un techo de cristal que deja ver al fondo la Sierra de Guadarrama, las niñas vestidas de negro de la cabeza a los pies calzados con botas militares.
Claro que el precio de superar por ese método el share de un partido Madrid-Barca podría poner en peligro la licencia de la cadena que depende de la decisión arbitraria del Gobierno. Aunque también cabría la opción de reflejar la azarosa vida sentimental de Berlusconi, que sin duda se presta a escenas subiditas de tono con «belinas» pululando por Villa Certosa ligeritas de ropa al gusto de los inventores de las mamachichos, si bien ello acarrearía mayores problemas aún para el director de la cadena que solo vive en Madrid entre semana y mantiene su hogar en la Roma donde gobierna su jefe, el primer ministro italiano.
En cambio, ridiculizar a la Familia Real española sale gratis y por tanto la cadena italiana dedicada a ofrecer telebasura a los españoles ha emitido esta semana una miniserie con la que difícilmente puede justificar que trataba de acercar a las masas las figuras de Don Juan Carlos y su familia por un procedimiento que solo un antimonárquico militante o un incompetente de tomo y lomo podría haber discurrido. Y, como por lo que nos cuentan, toda la cúpula de la cadena participó en un intento de hacer creíble lo que en la serie se ha contado, no me queda más opción que la de concluir que su trabajo ha tenido como objetivo la primera de la opciones.
En la miniserie el Rey es un memo del que se ríe un ayudante porque no sabe dónde ha metido los guantes y revela secretos de Estado a la novia de su hijo; la Reina, una cursi en traje de chaqueta y el Príncipe, un engreído capaz de comentar a Leticia en su primera cita: «tu piso de 80 metros cuadrados cabe en mi dormitorio», lo que hace inverosímil que una periodista que presentaba el telediario quisiera tener una segunda cita con él. Es lo que tiene llevar la telebasura a Palacio.


