Internacional

Internacional / Marina Silva, líder del Partido Verde

«La corrupción forma parte de la política en Brasil»

Quedó tercera en la primera ronda y mañana no respaldará a ninguno de los dos candidatos

Día 31/10/2010 - 16.40h
La revelación del Partido Verde (PV) en Brasil se llama Marina Silva. Senadora de 52 años, en primera vuelta, frente a todo pronóstico, consiguió casi veinte millones de votos. El curso que siga hoy este caudal del electorado definirá en buena medida los comicios. Segura de sí misma, lamenta: «Tengo amistad y respeto tanto por Dilma (Rousseff) como por Serra (José), pero ninguno entendió el mensaje de las urnas. En lugar de presentar un programa de gobierno con visión de futuro se han dedicado a perder el tiempo».
Marina Silva, en su despacho del Senado en Brasilia
La adversidad parece perseguir a esta mujer de aspecto frágil y creencias sólidas. La malaria le visitó en cinco ocasiones, la hepatitis en tres y un envenenamiento con mercurio le puso al borde de la muerte. Criada en el Amazonas, donde recolectaba caucho de niña, aprendió a leer y escribir a los 16 años. Acompañó al activista Chico Mendés en su defensa del medio ambiente y superó toda clase de calamidades para convertirse en algo más que una promesa.
—¿Qué análisis hace de esta segunda vuelta?
—No hay segunda vuelta porque los candidatos se quedaron en la primera al no cambiar su discurso. No ofrecieron la alternativa que reclamaban los electores, en especial ese 20 por ciento que votó por mí.
—¿Qué buscan los electores?
—Propuestas. La gente está cansada de esa dualidad entre PT (Partido de los Trabajadores) y PSDB (Partido Socialdemócrata) basada en la confrontación. Dilma y Serra se han quedado en los ataques personales, en las descalificaciones. Nadie sabe cuál es la visión de país de cada uno, cuál su grado de compromiso ambiental, qué plan tienen para una potencia como Brasil o qué van hacer con la salud y la educación pública. Han perdido una oportunidad de oro para explicarlo.
—No habrán entendido el mensaje pero uno va a ser presidente. ¿Qué opina de ellos?
—Brasil necesita un estadista, no un gerente. Lamentablemente los dos tienen perfil de gerentes. No entienden el desafío de futuro. En el aspecto personal, ambos contribuyeron en la reconquista de la democracia. Siento respeto y mantengo lazos de amistad con los dos pero tenemos visiones diferentes.
—¿Qué presidentes considera estadistas?
—Lula no era un gerente. Tampoco Fernando Henrique (Cardoso) que gobernó con el plan real y tuvo una visión estratégica para Brasil.
—¿Considera que la campaña se centró demasiado en polémicas como la fe o el aborto?
—Son asuntos importantes que no deben ser relegados. La cuestión es cómo se abordan. Son temas morales, éticos, espirituales, culturales. No se pueden minimizar, pero tampoco pueden ser exclusivos. Deben ser tratados con autoridad y respeto. Brasil es un Estado laico eso no significa ser ateo, significa respeto a todas las creencias.
—Dilma Rousseff cambió de opinión sobre la fe y el aborto …
—El cambio de discurso fue de los dos candidatos. No oculté en ningún momento cuáles eran mis creencias (evangélica y contraria a la despenalización del aborto). Fui respetuosa y transparente. Los que no pensaban como yo me lo agradecieron y me votaron.
—¿En qué medida su salida del Gobierno (fue ministra de Medio Ambiente de Lula) y del PT fue consecuencia de la incomprensión de Dilma Rousseff sobre su política?
—No sería justo que atribuyera mi salida del PT y del Gobierno a mis diferencias con Dilma, porque también las tuve con otros ministros. Las divergencias las discutíamos de igual a igual, pero quien decidía en última instancia era el presidente Lula. Me fui cuando percibí que ya no contaba con el apoyo del Gobierno.
—¿Lo peor del Gobierno de Lula fue la corrupción?
—No se puede juzgar un Gobierno sólo por un aspecto. El combate a la corrupción debe ser implacable. Los episodios recurrentes fueron suficientes para haber adoptado medidas de prevención, pero se dieron en este Gobierno, en el de Fernando Henrique y en los anteriores. La corrupción forma parte de la política de partidos en Brasil. Lula aumentó de 4.000 a casi 9.000 el número de agentes de investigación federal. No es que no hiciera nada. Pero lo más importante son las medidas para evitar el daño antes de que se produzca.
—Usted estuvo junto a Chico Méndez (defensor del Amazonas asesinado). ¿Qué queda de su discurso y qué recuerda de aquel tiempo?
—Chico me enseñó muchas cosas. Que la gente tiene que estar dispuesta a negociar, a cambiar de posición porque es capaz de escuchar. Tenía una característica muy fuerte, muy femenina: siempre buscaba convencer antes que ganar.
—Una revista brasileña hizo una caricatura suya con el simil de la película «Avatar». «The Guardian» la incluyó en la lista de personas que pueden salvar el mundo. ¿Qué siente al ver estas cosas?
—(Sonríe) Nadie puede salvar el mundo solo. Me siento como parte de una comunidad que tiene que trabajar en ese camino. En cuanto al dibujo, me encantó.
—¿Va a confesar su voto hoy?
—No voy a votar en blanco pero el voto es libre y secreto.
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