ELENA CARRERAS
Amorós,en una imagen de archivo
La anhelada e iminente llegada del Papa Benedicto XVI a Barcelona ha despertado los instintos más reprobables de la clase política catalana que presume de anticlericalismo y tira la primera piedra sin estar libre de pecado. Al margen de los variados colectivos —de vecinos, de homosexuales, etc.— que bajo el lema «Yo no te espero» se manifestarán contra el Sumo Pontífice el próximo 4 de noviembre, desde las filas de los dos socios de gobierno del PSC en el tripartito —ICV y ERC— se han lanzado andanadas contra la visita papal.
El primero fue Ricard Gomà (ICV), segundo teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, quien aprovechó el hueco que se le concede en el boletín mensual de información municipal —como presidente del grupo municipal de ICV— para depositar allí lindezas del tipo: «Ratzinger es la cara más rancia y más oscura de la Iglesia».
Ahora, a ICV le ha sucedido ERC, y del Consistorio de la capital catalana la inquina quema-conventos se ha extendido a la Generalitat. En unas declaraciones a RAC1, el secretario de Inmigración de la Generalitat, Oriol Amorós, afirmó ayer que «el imán de Lérida y el Papa son dos versiones bastantes retrógradas y conservadoras de sus propias religiones». Amorós, que dentro de ERC ostenta el cargo de presidente de la agrupación de Barcelona señaló que «entre el imán de Lérida y el Papa me lo pone difícil para escoger; estamos viendo dos versiones bastante retrógradas de sus propias religiones», aunque concedió, eso sí, que «quizás ganaría el imán de Lérida».
Por razón de su responsabilidad en inmigración, a Amorós se le supone que debe mostrar cuando menos respeto a uno de los cimientos para la cohesión social, la religión, sea cual sea ésta. Sin embargo, no tuvo reparos en igualar al Santo Padre con el imán de la mezquita de la calle Norte de Lérida, Abdelwahab Houzi, quien ha sido acusado en los últimos meses de expandir el salafismo en Lérida y de dificultar la convivencia entre diferentes culturas y religiones en esta ciudad.
Respuesta tibia del Govern
La pulla herética de Amorós tuvo respuesta por parte del Govern, aunque, al menos la hecha públicamente, fue muy tibia, pacata; e incluso sonó a hipócrita. Llegó de boca de la consejera de Trabajo, Mar Serna, a la que ayer tocó comparecer ante los periodistas tras la reunión del Consejo Ejecutivo por razón de los asuntos tratados (siniestralidad laboral). Serna reprochó las palabras de Amorós, si bien admitió desconocerlas, y recordó que el Papa «es un jefe de Estado», lo que le distingue de cualquier otra autoridad religiosa. «Los dos son dirigentes espirituales, pero el Papa tiene un elemento añadido, que es jefe de Estado». Sonó a que sólo reprenden a Amorós por meterse con un jefe de Estado, no por meterse con el líder de la religión ampliamente mayoritaria en nuestro país e Historia.
Más contundente fue, en cambio, el alcalde de Lérida, Àngel Ros (PSC), que calificó las declaraciones del secretario de Inmigración de «irresponsables, inoportunas y desafortunadas», y añadió que tienen «una clara intención de herir la sensibilidad de los ciudadanos».




