El cúmulo globular Omega Centauri ha llamado la atención de los aficionados a observar el cielo desde que el astrónomo Ptolomeo lo catalogara por primera vez hace 2.000 años. Sin embargo, Ptolomeo creía que se trataba de una sola estrella. No sabía que esa «estrella» era en realidad un enjambre de casi 10 millones, todas orbitando alrededor de un centro común de gravedad.
Las estrellas están tan hacinadas que los astrónomos tuvieron que esperar hasta la aparición del Hubble para alcanzar a ver el núcleo profundo de esa «colmena» y poder identificar cada una de ellas. Por fortuna, el telescopio de la NASA tiene una visión tan aguda, que incluso puede medir el movimiento de muchas de estas estrellas en un lapso relativamente corto de tiempo.
La medición precisa de los movimientos de las estrellas en estos cúmulos gigantes nos indica cómo las agrupaciones estelares se formaron en los inicios del Universo, y si un agujero negro de masa intermedia, aproximadamente 10.000 veces la masa de nuestro Sol, podría estar al acecho entre las estrellas.
Un seguimiento de cuatro años
En el mayor estudio de este tipo realizado hasta la fecha, los científicos han tomado las imágenes obtenidas por las avanzadas cámaras del Hubble durante cuatro años, de 2002 a 2006, y han conseguido medir, gracias a sofisticados programas de computación, los pequeños movimientos y cambios de posición de más de 100.000 estrellas de este enorme enjambre.
El investigador Roeland van der Marel, coautor de la investigación, sabe que esto no hubiera sido posible sin el Hubble. Gracias al magnífico telescopio espacial, «un trabajo que un telescopio terrestre tarda en hacer 50 años, se puede hacer con más precisión en tres o cuatro», explica.
De esta forma, los astrónomos consiguieron hacer una simulación del movimiento frenético del grupo de estrellas, hasta el punto de mostrar la migración de las estrellas en los próximos 10.000 años.










