Los Presupuestos de 2011 quedaron ayer en un segundo plano en el Congreso en medio de la vorágine de la crisis de Gobierno que se estaba produciendo en directo en el despacho que el presidente Zapatero tiene a pocos metros del hemiciclo. Mientras el diputado del PNV Pedro Azpiazu hacía equilibrios en la tribuna de oradores para defender el acuerdo de su grupo con el Gobierno y sostener que el apoyo no era nada fácil por la política económica de Zapatero, el salón de plenos era un ir y venir de ministros entrantes, salientes y cambiantes. Caras largas, sonrientes, palmaditas en la espalda, abrazos efusivos y corrillos en todos los rincones fueron el decorado de esta segunda sesión del debate de los Presupuestos Generales, pocos minutos antes de que se votaran las cinco enmiendas a la totalidad, presentadas por el PP, CiU, ERC-IU-ICV, BNG y UPyD.
Casi nadie hablaba ayer de las que, en teoría, van a ser las cuentas de la recuperación económica, el hilo de esperanza para los cuatro millones y medio de parados. Unas cuentas que el mismo día que debían recibir luz verde en el Congreso quedaban ya desfasadas en parte, todo un récord. El año pasado tardaron un mes en ser papel mojado, justo el tiempo que transcurrió desde su aprobación hasta que Zapatero aprobó el primer plan de recorte. Pero ayer, incluso antes de votarse, ya se sabía que no valdrían del todo, porque los ministerios de Igualdad y Vivienda dejaban de existir. Solo una semana antes los altos cargos de ambos ministerios defendían con ahínco en sede parlamentaria sus presupuestos y subrayaban la «apuesta» clara que significaban, pese a los recortes, dentro de la política de Zapatero.
En la tribuna, el protagonista fue el PNV. Había interés por ver cómo justificaba ahora su apoyo a la congelación de pensiones, después de votar en contra en varias iniciativas anteriores. «Nos preocupa especialmente», admitió Azpiazu. «Los pensionistas no pueden ni deben ser los que paguen los platos rotos de la crisis», añadió, antes de sostener que, pese a todo, los mayores «entienden» la congelación de sus pensiones. «De todas formas, el Grupo Vasco tratará de conseguir que cuando las cuentas económicas estén un poco más holgadas los pensionistas recuperen con creces el esfuerzo que hoy se les pide», concluyó. El diputado del PNV presumió incluso de la «responsabilidad» de su grupo al apoyar estos Presupuestos, aunque su respaldo ha tenido un precio político muy claro (20 transferencias, entre otros asuntos) que nada tiene que ver con las cuentas públicas.
Cuando José Bono llamó a los diputados a la votación, los socios del Gobierno cumplieron con pulcritud su papel de salvavidas de Zapatero, eso sí, tras tener bien firmada la «factura» política correspondiente. Las enmiendas se rechazaron con 177 votos en contra (no faltó nadie del PSOE), 167 a favor (se ausentaron cinco del PP), y una abstención, de UPN.




