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Los «diez negritos» del presidente

Con cada remodelación del Ejecutivo, Zapatero recurre al subterfugio de que se acerca al fin de la recesión española

Día 21/10/2010
JAIME GARCÍA
El abrazo de despedida de Salgado y De la Vega tras la aprobación de los Presupuestos.
Como en «Diez negritos», la novela policíaca de Agatha Christie, no hay supervivientes en el Gobierno de Zapatero, a excepción de la vicepresidenta segunda, Elena Salgado, hoy la única ministra que se mantiene desde hace seis años. Pero lo cierto es que desde que llegó a La Moncloa en 2004, el jefe del Ejecutivo acumula ya 23 ex ministros, 38 si se cuentan a los que siguen en función. Y cada vez que uno de ellos se esfuma, él sale al paso con un misma «coartada»: la de la promesa del fin de la crisis.
En marzo de 2008, tras ganar las elecciones, Zapatero realizó el primer gran cambio en la estructura del Ejecutivo recurriendo a golpes de impacto como el nombramiento de la primera mujer al frente de Defensa o la creación del Ministerio de Igualdad. Para él, la limpieza era «coherente» con «los tres pilares» de su plan para esta legislatura: «más y mejor» crecimiento económico, la lucha contra el cambio climático y una «apuesta definitiva» por la igualdad entre hombres y mujeres.
Casi tres años después del calentamiento global ya ni se habla e Igualdad ha quedado diluida en una Secretaría de Estado dentro de Sanidad. Solo queda el deseo de crecimiento, que con la crisis no es otra cosa que un anhelo de recuperación. «Deberá ser el Gobierno de las reformas y del relanzamiento definitivo de la economía y del empleo», dijo ayer el presidente. Garantizó que se dejará atrás «la incertidumbre financiera, la incertidumbre presupuestaria y la incertidumbre política». Palabras que suenan —y mucho— a aquellas que pronunció en abril de 2009, cuando Pedro Solbes abandonó el Ministerio de Economía. En aquel entonces, Zapatero aprovechó para «ordenar» La Moncloa fichando a cinco nuevos ministros. Y todo con la excusa de que su Ejecutivo tendría «un nuevo impulso y más fortaleza» para luchar contra la crisis económica; lo mismo que esgrime ahora.
Crisis, qué crisis
Cuando cae un ministro, Zapatero se apresura a negar culpas, o crisis en su Gobierno. «Hoy estamos en lo que estamos, que es en hacer un Gobierno fuerte», afirmó ayer, tras lo que negó una clave sucesoria con Rubalcaba. En el recambio de abril de 2009, la excusa era la misma: «Acelerar la ejecución de las medidas» para luchar contra la crisis y preparar «la segunda fase» para «mantener bien vivas» las señas de identidad de un proyecto progresista «como son las políticas sociales y el prestigio de la cultura española». Fortalecimiento del gobierno, sí, pero de crisis interna, ni una palabra.
Ya en julio de 2007, cuando llevó adelante una de las primeras grandes remodelaciones sustituyendo a Jordi Sevilla por Elena Salgado en Administraciones Públicas —con efectos colaterales como Bernat Soria en Sanidad, César Antonio Molina en Cultura y Carme Chacón en Vivienda—, Zapatero justificó su decisión en «cumplir los compromisos pendientes de su Gobierno». Con la «prometedora» remodelación anunciada ayer, la tercera en esta legislatura, confirma que han pasado más de tres años y esas cuentas aún están pendientes.
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