Música

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Perú, cuna del punk

El punk-rock nació en 1964 en Lima, donde cuatro jóvenes formaron Los Saicos

Día 21/10/2010 - 12.26h
El punk-rock no nació angloparlante ni surgió en los setenta. Lo hizo en 1964 en Lima, Perú, donde cuatro jóvenes formaron Los Saicos, “el secreto mejor guardado de los sesenta” según muchos estudiosos. Casi medio siglo después, el Funtastic Dracula Carnival de Benidorm ha sido testigo de su reunión.
ABC
Los Saicos
Mientras los Beatles desembarcaban en Estados Unidos, levantando el imperio del pop a golpe de mojigatería con “Quiero coger tu mano”, miles de kilómetros más al sur, en una barriada de Lima, cuatro jóvenes aterrorizaban al público peruano con una música nunca antes tocada, sórdida, violenta, provocadora, salvaje, avivada por gritos y alaridos casi animales, cuerdas retorcidas hasta el límite y letras que hablaban de asesinatos pandilleros, de fugas carcelarias, de volar estaciones de tren, de incendiar, demoler, destruir y matar.
“Era indudablemente diferente a lo que otros estaban haciendo, y nos sabíamos creativos por ello”, nos cuenta su vocalista Erwin Flores, ya convertido en leyenda. Desconcertante anomalía en el orden natural de la evolución del rock, Los Saicos protagonizaron uno de los capítulos más insólitos y fascinantes de la historia de la música popular cuando, en 1964, reventaron la cronología de géneros anticipando el nacimiento del punk más de una década, para después quedar relegados al olvido durante casi medio siglo. No debe extrañar, pues, que de ellos se haya dicho que son “el secreto mejor guardado de los sesenta”.
Vertiente compositiva
También tenían una vertiente compositiva más “normal” para la época, con baladas y temas melódicos, pero varias de sus canciones pasaron a la historia como el primer germen conocido del punk. No existía nada parecido en una etapa tan temprana del rock y nadie había practicado un vandalismo sonoro similar a temas como “Demolición”, “El entierro de los gatos”, “Salvaje”, “Camisa de fuerza” o “Fugitivo de Alcatraz”. Auténticas bestialidades a las que no pueden encontrarse influencias previas, lo que convierte a Los Saicos en un fenómeno que aún hoy se antoja casi inexplicable para los críticos, que encuentran en ellos una apasionante materia de estudio.
“Nunca tuvimos la conciencia de estar creando algo nuevo”, nos cuenta Flores, que no lo tiene fácil para explicar de dónde salió aquel engendro y cómo se convirtieron en el primer grupo que tuvo la bonita idea de “atacar” a su audiencia con semejante agresividad –no en vano, comenzaron llamándose Los Sádicos-. “Yo creo que viene de James Dean, que siempre tenía que pelear con alguien en sus películas, como en “Rebelde Sin Causa”. Nosotros nos creíamos unos muchachos muy rudos, pero en realidad solo corríamos MUY rápido por las calles de Lima con los autos de nuestros viejos. Nuestra música posiblemente obedecía al mismo síndrome”, teoriza. “Pero lo que es impresionante para mí, así visto en la distancia –continúa Flores-, es cómo los cuatro teníamos el mismo sentido del “bacán”, del “cool”, sin la menor hesitación. Éramos simplemente un fenómeno de los tiempos”.
El problema de las fechas
Siempre es tarea arriesgada aventurar una fecha de alumbramiento para cualquier género, pues para algunos, incluso los bluesmen de los años veinte pueden ser considerados punks. Pero atendiendo a un mínimo rigor conceptual que otorgue entidad dialéctica a lo que hoy entendemos por punk, Los Saicos son la banda más antigua en la que se observan suficientes elementos formales para lanzar semejante afirmación, adelantándose a grupos pre-Ramones como Stooges o MC5 y algunas referencias proto-punk de mediados-finales de los sesenta como The Worlocks, The Keggs, Humane Society, The Actioneers, The Deviants o 13th Floor Elevators. Quizá The Sonics y The Trashmen puedan abrir debate, pero ambas formaciones quedaron a años luz del salvajismo de Los Saicos.
Sus integrantes nunca pensaron en que tocaban punk, ni siquiera puede decirse que lo originaran, pues no se sintieron “aludidos” cuando el movimiento estalló en el 77, y las bandas surgidas dicho año no recibieron ninguna influencia de ellos. “Pero definitivamente eran una banda punk”, es la conclusión de expertos en la materia como el periodista John Holmstrom y el músico y realizador Don Letts, o de gurús del género como Iggy Pop o Lux Interior, que en su momento afirmaron que, a pesar de no haberlos descubierto hasta muchos años después de comenzar sus carreras, reconocieron en ellos a los “verdaderos pioneros”. El desaparecido líder de los Cramps incluso llego a decir que eran “la mejor banda del mundo”.
“Sinceramente, nunca relacionamos lo nuestro con el punk que vino luego”, admite Flores. “En el 77 yo estaba tocando salsa… Ni siquiera estoy seguro de que lo nuestro fuese punk, quizá proto-punk. Nuestra música era un poco más estructurada. Nuestros gritos, por ejemplo, siempre tienen un propósito musical. Ahora, que para hacerlos tienes que estar o medio loco o totalmente chiflado… eso es otra historia”.
Héroes
¿Y cómo pudo ser entendida y tolerada una banda así en la sociedad peruana del 64? Flores lo achaca a que “el ambiente político en Perú era liberal, y el ambiente social aún más. Yo creo que la gente nos encontraba divertidos más que nada, excepto por unos cuantos desajustados que se lo tomaban en serio”. El caso es que a pesar de su inusual y desafiante propuesta, se convirtieron en héroes. “Los Saicos nunca pasaron por el proceso de tocar en cavernas para eventualmente ser “descubiertos” –relata Flores-. Mi hermano Harry trajo a un ensayo a un amigo suyo que era un disk-jockey bastante popular, quien decidió meternos “de contrabando” en el Festival de la Cadena de Comentaristas de Discos del Perú, donde la industria musical se reunía anualmente para premiar a los mejores de cada cosa. Tocamos “Come On”, y al terminar se cernió sobre el teatro un silencio tal como si el manto helado de la muerte hubiera descendido. Nosotros pensamos que habíamos hecho una cagada total; pero, de pronto, la audiencia entera se alzó en pie gritando y aplaudiendo. Salimos de ahí con contratos de discos y televisión”.
El bienio 64-65 fue un paraíso para Los Saicos. “Llenábamos los teatros y la gente gritaba desde que entrábamos hasta que salíamos. Además estuvimos en la tele prácticamente cada semana”, recuerda Flores. Pero como mandan los preceptos punk, la criatura murió joven. “El conflicto de egos inflados nos hizo trizas –recuerda Erwin-. Además, de pronto el gusto musical de la gente volvió al arroz con leche. Una mañana que salíamos del estudio después de grabar toda la noche, un grupo de colegialas se aproximó y nosotros pensamos: “qué cagada, con lo cansados que estamos”; pero en vez de echársenos encima como siempre, nos pasaron de largo gritando “¡los Doltons son mejores!”. Ellos tocaban bien, pero eran puro arroz con leche”.
La fiebre de los homenajes
En 1969 Flores trató de reunir a la banda, pero “fue una estupidez”, todo había cambiado. Así que se fue a trabajar a la NASA –casi todo en esta historia es inverosímil-, tocó ritmos tradicionales ocasionalmente, y vio cómo el polvo se acumulaba sobre el legado de Los Saicos. Pero un buen día, se volvió a hablar de ellos. Aunque entre los freaks del vinilismo sesentero siempre ha sido un grupo de culto, no fue hasta 2002 cuando resucitó la saicomanía. Tras su aparición en el recopilatorio “Wild teen punk from Peru 1965”, el fanzine Sótano Beat les entrevistó ante su sorpresa, y poco después, uno de ellos aparecería en televisión hablando de la historia de la banda, lo que dio pie al primer gran homenaje oficial a Los Saicos. En la intersección de las calles Miguel Iglesias y Julio C. Tello, las autoridades de la municipalidad limeña de Lince ordenaron colocar una placa que reza: “Aquí nació el movimiento punk-rock en el mundo. Los Saicos, 1964”.
Pronto fueron apareciendo versiones de aquí y allá, y la fiebre se internacionalizó cuando el sello español Munster editó sus singles, allanando el camino para este regreso que ha puesto los dientes largos incluso a los actuales reyes del garaje-punk, los Black Lips, que los idolatran “y nos han llamado para hacer algo juntos”, dice Flores, pleno de orgullo aunque algo apenado, ya que uno de los Saicos, Rolando Carpio, no puede verlo ya al haber fallecido justo antes de que resurgiese la saicomanía. “Me da mucho más bronca que pena”, dice Flores. “El puto destino hizo que después de tantos años lo reencontrara y, súbitamente, lo perdiera de nuevo. Es una pérdida irreparable, especialmente ahora que volvemos a los escenarios. Es una pena porque ahora estamos tan felices que no cabemos en nuestro pellejo. Este regreso es como bajar una ola grande, bien grande, a puro pecho, sin tabla ni nada”.
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