Cataluña

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Pintores contra maleantes

Cada vez más artistas se instalan en los alrededores de la calle Ataülf, cambiando el aspecto de cada rincón

Día 19/10/2010 - 09.40h
INÉS BAUCELLS
Imágenes así han colaborado a cambiar orines por arte
Rafael Gallardo se asomó por la puerta del que era su taller en Ataülf para encontrarse, una vez más, con uno de esos incivilizados que no pueden aguantarse las ganas y orinan en un rincón mal iluminado. No era la primera vez que se topaba con uno de ellos, pero decidió increparlo.
—Oye, disculpa, no puedes mear aquí.
—Llevo 15 años orinando aquí, claro que puedo, es mi derecho— le contestó el hombre, de unos 40 años.
Al final, se fue y ya no volvió. «La primera vez que se lo dices se cabrean, la segunda, prefieren irse a otro lado en donde no les digan nada», recuerda Gallardo.
Así como ese infractor no volvió, otros tampoco lo han hecho, no sólo por los reproches de Gallardo, sino porque la calle, y una pequeña porción del barrio Gótico, recobran cada vez más la vida de antaño. Rafael Gallardo es uno de los artistas que han adoptado un sector del Gótico Sur, no sólo como sitio de trabajo, sino también, consciente o inconscientemente, para reivindicarlo como cuna de artistas. «Como cuando Picasso vivía aquí», dice ilusionado Gallardo, que actualmente se encuentra en los Estados Unidos, por lo que ha cerrado temporalmente su taller en Ataülf.
«Un baño público»
Sin embargo, cuando Picasso vivió en la calle de la Mercè, el barrio era más bien cantera de truanes y prostitutas. Lo mejor sería emular a los cimientos debajo de los edificios en donde ahora florecen los talleres de pintura. La población de las calles de En Gignás, Ample, Avinyó, Milans, Ataülf y Templers fue de nobles y templarios<MC0> hace varios siglos. La creación del Eixample provocó el éxodo hacia el llano barcelonés de lo poco digno que quedaba en el Gótico Sur, y conforme el siglo XX transcurría, el barrio se convirtió en lo que encontró Gallardo hace un año cuando llegó a Barcelona. «Era un baño público, un sitio donde los carteristas venían a repartirse el botín», recuerda.
Desde entonces, la calle ha cambiado. Se abrieron nuevos locales, que reemplazaron a otros casi abandonados. Se inauguraron un local de bicis, un par de bares y varias galerías, como la de Hernán Matteazzi, un pintor italo-argentino que llegó al barrio hace unos meses; y un taller de pintura y foto en la plaça Milans. Ahora, ya son más de diez los pintores que trabajan en los alrededores, en un florecimiento artístico que desde el Ayuntamiento se valora positivamente.
Algunos de los pintores de Ataülf han constituido el Col·lectiu de Pintors del Carrer Ataülf, el cual dirige Matteazzi, supliendo a Gallardo. Esta asociación se reune una vez al mes para pintar en la calle. La presencia de los artistas y los turistas que se acercan a verlos pintar ha ahuyentado a ladrones y drogadictos, que al verlos instalados allí pasan de largo. «Hay dos formas de mejorar la calle: tenernos a nosotros pintando o tener más policías. Nosotros —añade Matteazzi— somos la solución más rentable». Si los artistas regresan a este abandonado rincón, pintarán un nuevo retrato para el Gótico Sur.
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