A las dos, Johnny Barrios quiere a sus dos mujeres. A Marta Salinas, la legítima, y a la otra, a Susana Valenzuela. El amor de este hombre de 50 años es así. No tiene límites. Si por él fuera, el triángulo sería la figura geométrica que adoptaría para terminar de encajar las piezas sueltas de su accidentada vida. Pero Johnny tiene mala suerte. Uno de los vértices dijo no.
AFP
Una niña junto al retrato de Johnny Barrios
“Me lo pidió pero resulta también que invitó a la otra señora y yo tengo decencia. Las cosas están claras: Ella o yo”. Marta, de 56 años, le dio esta respuesta cuando su marido le pidió que fuera a recibirle a la plataforma por donde, ayer, la cápsula Fenix 2 le rescató del fondo de un enorme pozo negro de casi setecientos metros.
El malestar de Johnny parece que fue enorme pero él es un hombre tranquilo. Poco después de conocer el desplante de su señora (la legal), en vísperas de sacar la cabeza a un mundo quizás más complejo que el que conoció allá abajo, “estaba leyendo el diario”, confió el Ministro de Sanidad, Jaime Mañalich .
Johnny, sin hijos dentro o fuera del matrimonio, se ocupó de llevar un registro sanitario de todos sus compañeros, controlar su tensión y en algunos casos, administrar vacunas. Su madre era diabética así que las inyecciones no le eran ajenas. Pocos días después de descubrirse que los 33 estaban vivos se convirtió en el protagonista invisible del escándalo. Las dos mujeres que se disputan su amor se descubrieron por casualidad. Ambas, entre lágrimas, reclamaban noticias del mismo hombre. “Llegaron a las manos, la situación fue lo más violenta”, comenta un colega de la televisión chilena que, prácticamente, ha padecido el mismo encierro que los mineros pero en la superficie del desierto de Atacama.
“En la Moneda (sede del Ejecutivo) conocen mi problema. La Primera Dama (Cecilia Morel) me dijo que no era mala mi decisión, que hacía bien en dejar que vaya ella (por Susana Valenzuela) tranquilamente”. Asunto público la vida privada de Jonnhy, después de 28 años de matrimonio Marta Salinas está escarmentada pero no siempre fue así. Discreta y poco amiga de hacer declaraciones, no está dispuesta a pasar por el aro de los caprichos de su marido, por mucho que se lo tragara la tierra más de dos meses: “ni por televisión voy a ver el rescate (fue ayer). Se por las conversaciones y el teléfono que está bien. Con eso me basta”, zanjó.
En otro plano de la escena Susana Valenzuela, la otra, se acicalaba para recibir a Johnny Barrios Rojas, “estamos enamorados”, proclamó. Con sus palabras cerrraba el círculo y, para disgusto de Johnny, el triángulo quedaba roto









