El artista, al que muy pocos han visto la cara y aún menos escuchado su voz, ha trasladado su bártulos hasta la mítica ciudad de Springfield para dirigir el comienzo de un capítulo de la serie.
En el «intro», de pocos aunque intensos minutos, se observa desde el comienzo la huella de Banksy, de manera que parece factible que Homer, March, Bart, Lisa y Maggie no vuelvan a ser los mismos... al menos para el espectador. Y es que en el momento en que la familia se sienta frente al televisor, la acción se traslada hasta China, donde cientos de malpagados trabajadores fabrican réplicas exactas de la familia.
La denuncia de las condiciones laborales en las que el «merchandising» de hoy en día se hace realidad se palpa en cada escena, acompañada de una música tan claustrofóbica como inquietante. Ratas, calaveras, suciedad, animales maltratados, niños empleados como mano de obra barata... todos ellos «banksyanos» ingredientes que, por unos minutos, se convierten en decorado de «Los Simpsons».



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