Cine

Cine

«Tiburones y besugos»

Oliver Stone dirige «Wall Street. El dinero nunca duerme»

Día 07/10/2010 - 18.52h
La habilidad descriptiva y el talento cinematográfico de Oliver Stone atrapa de salida el enorme cambio de las dos últimas décadas: en el skyline de Nueva York (sin Torres Gemelas), en el skyline de Gordon Gekko (sale de la cárcel con lo puesto) y en el skyline de la ética y el dinero (la codicia sigue siendo una virtud, pero no la principal)... el pulso de Stone y la cámara de Rodrigo Prieto tienen la precisión de un cirujano y establecen de un plumazo las reglas del juego: ha cambiado el espejo de los edificios y el tamaño de las cosas (broma con el gigantesco teléfono móvil del ex tiburón Gekko), pero no el de la ambición del personaje ni su capacidad de reciclarse o de maniobrar... Comienza la acción, en la misma “universidad” pero con otro alumno.
La masa con la que Oliver Stone hará su pan es conocida por todos: es su artículo de opinión, su conocido editorial sobre el capitalismo y sus depredadores, sobre la manipulación y el control: donde estuvo Charlie Sheen ahora está Shia LaBoeuf. Gekko está, aparentemente, en el mismo sitio donde estaba, en ese lugar en el que los escrúpulos se caen con los dientes de leche que dejan hueco a los colmillos, y con el impresionante y diabólico aspecto de un Michael Douglas que tizna al mirar...
Su análisis de la situación económica mundial y sus ideas sobre cuáles son los errores y cómo solucionarlos son brillantes, cínicos y temibles, y la entrada en el argumento de un personaje clave, su hija (que encarna la encantadora y devoradora Carey Mulligan, cuya interpretación los despedaza a LaBoeuf y Douglas cada vez que los tiene cerca), le proporciona a la trama una naturaleza trágica y con corazón shakespeariano...
Lamentablemente, Oliver Stone se toma demasiado en serio a sí mismo y a su idea de la célebre burbuja financiera, ésa que, tras algún tiempo engordando, luego explota y se queda en nada..., idea que se empeña en traspasar a su película, a la cual engorda para luego pincharla en un desenlace que la deja absolutamente vacía, sin nada dentro. Y si algo nos muestra casi toda la película es que no hay modo de quebrar la naturaleza de los personajes, sean humanos, tiburones o escorpiones... Y el problema está en ese “casi”.
Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
Lo último...
VideoBlogs

Haneke, con un par (de Palmas)

Dos balazos
Oti Rodríguez Marchante
Blog

Slash regresa a la senda del rock

Librería de Pistas
Varios autores

¿Por qué Keith Haring ha invadido Google?

La amiga de damien hirst
Laura Revuelta

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.