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«Es difícil que me queden cosas por hacer»

La SGAE y la Fundación Autor conmemoran mañana con dos conciertos el 80 aniversario del maestro Rogelio Groba Groba, referente fundamental de la composición musical

Día 30/09/2010
Cuando repasa el panorama musical español de los últimos 50 años, ¿qué evolución ve?
— Veo una evolución de la entrega al arte compositivo que no se observaba anteriormente, pero se acusa una excesiva vinculación a movimientos estéticos deshumanizantes. Quiero decir que hay más producción musical que nunca pero es una producción que no contribuye a fomentar la afición musical ni a elevar la actitud mental del receptor, sino a «cosificar» la arquitectura sonora. En suma, hay demasiada preocupación por el dominio estético, lo que da como resultado una música de laboratorio en la que se margina el factor humano. Esto es concecuencia de una errónea percepción de determinados movimientos posteriores al expresionismo como finalidades de la obra y no como instrumentos creativos.
— Los músicos españoles, con respecto a Europa, ¿tienen que salvar más dificultades o la «emigración» para la formación ya pasó?
—En estos momentos en España estamos cultivando géneros que hasta ahora apenas se habían esbozado, eso significa que no tenemos esa tradición de la que si disfrutan en otros países europeos. Además, el compositor español nunca tuvo a su disposición los instrumentos necesarios para el desarrollo de los grandes géneros. Las orquestas sinfónicas o las compañías de teatro estaban en Madrid y Barcelona, por lo que los de otras latitudes carecían de ese estímulo. Todo esto ha tenido como lamentable consecuencia la necesidad de seguir emigrando hasta crear una infraestructura imprescindible para el desarrollo creativo de la que ahora ya disponemos. Otra cuestión es el papel del público, que sigue manteniendo una cierta indiferencia hacia los compositores contemporáneos, quizás como conscuencia de la «cosificación» de la que hablamos antes.
— De los centenares de obras que compuso, ¿hay alguna que sea su seña de identidad más clara? — Habría muchas, porque cada una de ellas tiene su propia personalidad, su aportación personal. A la hora de componer siempre me he sentido absolutamente libre y eso me ha permitido trabajar distintos géneros y distintas estéticas, por lo que no siempre resultaría objetivo destacar una sobre otra. Podría decirte que mi cantata «Nova Galicia» supuso iniciarme en el cultivo de los grandes géneros y, en ese sentido, fue un punto y aparte en mi trayectoria. Luego vendrían otras composiciones a las que tengo un enorme cariño como la cantata «Mandatum», la «Gran Cantata Xacobea», la suite «Intres boleses», varias de mis 14 sinfonías, mis óperas, mis conciertos y un largo etcétera. Pero más que una obra que me identifique creo que habría que hablar de un lenguaje personal basado en la quinta disminuída como elemento característico de una parte relevante de mi producción.
— ¿En la carrera de un músico cuál es el elemento impulsor más valioso, el premio y el reconocimiento o la disciplina en el trabajo?
— Es evidente que sin una disciplina no podemos hacer nada. Respecto a los premios y reconocimientos, yo prefiero valorarlos por quien los concede, no por quien los recibe. En este caso concreto, por ejemplo, llega de una institución a la que respeto enormemente, como la SGAE, y de la Fundación Autor, que está realizando una importantísima labor en el campo de la protección y de la difusión de la música, lo que se traduce en que me siento enormemente orgulloso de este homenaje. En cualquier caso, te aseguro que cuando compongo no lo hago pensando en reconocimientos de ningún tipo, sino en sacar de dentro de mí eso que quiero decir y convertirlo en música. — ¿Dónde se ha sentido más usted, como compositor, director de orquesta o como docente?
— Mi gran pasión ha sido siempre la composición, ahí es donde me he descubierto a mí mismo ya desde niño, y prueba de ello es que en estos momentos poseo un catálogo de casi 600 obras de la práctica totalidad de géneros y de muy variados estilos. No habría sido posible llegar a esa cifra sin tener el «diablo» de la composición en el cuerpo. Pero no por ello deshecho mis otros trabajos como director o como pedagogo. En cada uno de ellos he disfrutado, aunque a veces me hayan supuesto algunos contratiempos. Creo que he tenido la suerte de convertir mi gran pasión en mi profesión.
— ¿Cree que la música contemporánea juega en desventaja, en el momento de ser programada en salas de concierto, con respecto a la del XVII y XVIII?
— Juega en desventaja porque, como ya he dicho antes, ha creado una imagen de rechazo entre el público. Quizás una de las causas haya sido la falta de criterio selectivo a la hora de programar música contemporánea, lo que ha provocado que la presencia de autores actuales en los programas se vea con cierto recelo por parte del público.
— ¿Qué diría a los jóvenes que intentan abrirse camino en el campo de la composición desde su experiencia de vida?
— Que empiecen por conocerse a sí mismos y sus capacidades, porque una cosa es «querer ser» y otra muy distinta «poder ser». Y también tener la humildad de conocer lo más destacado de sus predecesores antes de pretender ser originales, porque la originalidad se tiene, no se adquiere. Una vez conseguido esto la composición se convertirá en un disfrute. — ¿Qué le queda por hacer? — Como he dicho antes, poseo un catálogo de casi 600 obras, realizadas siempre con absoluta libertad creativa. Como podrás imaginar, con este planteamiento es difícil que me queden cosas por hacer. Yo mismo he sido el responsable de la evolución de mi propio trabajo, aunque quien sabe si el futuro aún me deparará nuevos estímulos.
PONTEAREAS
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