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El día que Sofía Loren encontró una dura competencia

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La italiana debería haber sido la más bella de la fiesta aquella noche de abril, pero a algún alma imprudente de su productora se le ocurrió invitar a la atractiva y joven promesa del cine Jayne Mansfield

Día 02/04/2012 - 12.56h
El mundo del espectáculo da para muchas anécdotas, y si además hablamos de Hollywood, la cosa se pone de lo más glamurosa. Así es como en nuestro habitual repaso por las anotaciones más llamativas de la blogosfera, hemos ido a parar a la bitácora de Araque, donde encontramos unas llamativas fotografías que, paradójicamente han pasado a la historia, más por lo que esconden, que por lo que -explícitamente- enseñan.
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Nos trasladamos a la segunda mitad de los años 50. La vida social de los actores y actrices de aquella época se sólia concentrar en las famosas «fiestas de los viernes» organizadas por la Twentieth Century Fox. El punto escogido para celebrar estos saraos era el restaurante Romanoff´s, entonces situado en 240 S. Rodeo Drive, de Berverly Hills. No era difícil cruzarse en el local de moda con muchas de las celebridades de Hollywood como Carl Gable, Lana Turner, Groucho Marx, Frank Sinatra, Cole Porter, Alfred Hitchcock o Billy Wilder, por poner algunos ejemplos.

En este entorno tan «chic» no podía faltar la omnipresente Sofía Loren y la noche del 15 de abril de 1957 se organizó una de estas fiestas en su honor. La diosa de las pantallas estaba triunfando en la meca del cine rodando ese mismo año hasta cuatro películas (Orgullo y pasión, La sirena y el delfín, Pane, amore e..., y Arenas de muerte). Como se suele decir, la Loren estaba en la cresta de la ola y su escultural cuerpo también había sido portada del famoso calendario Pirelli hacía unos meses.

Sofía debería haber sido la más bella de la fiesta aquella noche de abril, pero a algún alma imprudente de su productora se le ocurrió invitar a la atractiva y joven promesa del cine, Jayne Mansfield, que apareció con un despampanante escote que cambió por completo la cara de la anfitriona. No es que Mansfield fuera una gran cosa en el mundo del cine, pero evidentemente era muy guapa y jugaba en casa (tenía una mansión de estilo español, entonces de moda, en el mismo Beverly Hills). Ese mismo año, además, se habían estrenado las que quizá sean sus dos mejores películas, Bésalas por mí, de Stanley Done, con Cary Grant, y Una mujer de cuidado, de Frank Tashlin.

Se rumorea que la Mansfield, ávida de fama y protagonismo por aquel entonces, llegó a realizar hasta dos entradas en la cena, por aquello de que en la primera, todavía no había llegado la prensa. Años después, cuando le preguntaron lo ocurrido aquella noche, recordó que Sofía Loren sólo le lanzó una de esas miradas asesinas y que después se dirigió en lengua italiana a su acompañante, Clifton Webb. No sabemos qué le dijo, pero es fácil imaginárselo.

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