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Columnas / AD LIBITUM

Partitocracia vs. Democracia

Todo depende de unos partidos funcionariales, y de unos sindicatos no representativos

Día 26/09/2010
LA partitocracia española, tan pródiga en vodeviles como escasa en ideas y fundamentos, es una de las pocas actividades que, en España, supera la media de la productividad europea. Mientras, en Madrid, el PSOE nos divierte con el disparatado y desigual enfrentamiento entre Tomás Gómez y Trinidad Jiménez, en Asturias el PP hace lo propio impidiéndole el paso a un titán como Francisco Álvarez-Cascos con una delicada muchachita, Isabel Pérez Espinosa, cuyo mérito principal al margen de sus padrinos —María Dolores de Cospedal y Gabino de Lorenzo— es haber ingresado en las juventudes populares cuando todavía usaba calcetines. A mayor abundamiento, y para que no decaiga la intensidad intelectual del espectáculo, el reparo que los rectores de la gaviota asturiana oponen a Cascos es su condición de sexagenario. Por cierto y al margen, a la vista del acné juvenil que afea el poder político en España, habría que ir pensando en una reforma electoral en la que no ser, cuando menos, sexagenario suponga un obstáculo prácticamente insalvable para aspirar a los puestos de máxima responsabilidad.
Álvarez Cascos es un peligro para el sosiego y el empleo de quienes, instalados en la oposición del Principado, prefieren la perpetuidad de «su» presente situación a la prosperidad del territorio, sus paisanos y la mismísima gaviota. La militancia, mayoritariamente, está con Cascos. Lo están los potenciales votantes del centro derecha y así lo acreditan las encuestas en circulación; pero Ovidio Sánchez, el citado De Lorenzo y los demás rectores del PP astur anteponen a la potencialidad del éxito razones más domésticas y personales. Es un efecto de la partitocracia.
Lo más difícil de explicar en todo esto es la dilatada pasividad de Mariano Rajoy, el hombre que confunde el calendario con los bálsamos. Mi admirado vecino Jon Jauristi predica en uno de sus poemas una idea que suele resultarme útil para el análisis político: «En materia de fábulas, se debe preferir/ lo verosímil imposible/ a lo posible inverosímil». ¿Es posible Rajoy, es verosímil? En una democracia verdadera, en la que las ideologías no se hubieran evaporado para generar la coincidencia partidista en un impreciso Estado de Bienestar, la respuesta sería fácil; pero, aquí y ahora, todo depende de unos partidos funcionariales, de unos sindicatos no representativos que, «por la buenas o por las malas», imponen su ley contra la voluntad expresa de las mayorías, de unas patronales encarnadas en un moroso y, en suma, en una representatividad no representativa. Gómez lo tiene crudo en Madrid y Cascos crudísimo en Asturias.
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