Con Gallardón de alcalde, las actividades del Ayuntamiento no son municipales, sino «lúdicas y culturales», muletilla con que toda propaganda gallardoní pega el pase de pecho, u obligado, a cualquier faena. Pero el «homo ludens» de Gallardón no tiene que ver con el «homo ludens» de Huizinga. El «homo ludens» de Gallardón es tan sencillo que no requiere de estudio: tú le das el dinero a Gallardón y Gallardón te da a ti la cultura. Y en eso consiste el juego («homo ludens», ya digo), que no es nuevo. Ya Millán decía que él, al oír la palabra «cultura», sacaba la pipa. Nosotros, como no tenemos pipa, al oír la palabra «cultura» levantamos las manos. Mañana, 25 de septiembre, cumpleaños de la banda de Bono, el del tabarrón de U2, Madrid celebrará la fiesta de San Serrano, para lo cual destinará la calle de Serrano... ¿a qué?... a «actividades lúdicas y culturales», y eso incluye la suelta de un globo aerostático como el que Calderón, aquel senador de Massachuttsets, que decía su retratista ecuestre, quería soltar encima de Las Ventas para acabar con los tendidos de sol. No sé si alguna vez hemos dicho que el gallardonismo cultural no es más que quincallería francesa sacada del baúl de Jack Lang, la Piquer de Mitterrand, que se bañaba en leche de burra. En Madrid, para llenar la bañera tenemos a Alicia Moreno, que es la encargada de la tómbola: en el derroche se espera atraer, por contagio, a la verdadera abundancia, y por eso la sociología francesa considera a la fiesta como un gasto ritual. En Serrano celebramos que hemos cambiado el suelo. «En beneficio del peatón», añade la propaganda, aunque sea mentira, y gorda. En beneficio, si acaso, del tonto rodado, entendiendo por tonto rodado a todo aquel individuo que, en moto o en bicicleta, circule a sus anchas por las aceras. Con el nuevo suelo, en Serrano pierden los peatones y ganan los tontos rodados.
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Federico Marín Bellón



