Cultura

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La cultura palpita en Segovia con una nueva edición del Hay Festival

La ciudad castellana se transforma estos días en un espacio para el intercambio de ideas y ABC ha estado presente en una mesa redonda sobre periodismo cultural en la era digital

Día 23/09/2010 - 18.53h
Érase una vez una pequeña y pintoresca aldea galesa en la que no, no había casitas de chocolate, pero en la que sus habitantes endulzaban su vida con los libros. A aquella buena gente la había caído del cielo una auténtica y delicada bendición. Eran apenas mil quinientos lugareños pero tocaban a una librería por cada cuarenta de ellos. Cosa de druidas y pociones, una leyenda más de la antigua Britania, sin duda.
Aquella pequeña aldea galesa se resistía y resistía a las trompas imperiales de la incultura, y hoy sus hazañas ya son conocidas en todo el mundo. El pueblo se llama Hay-on-Wye y las palabras que allí empezaron a cocerse hace ya un buen puñado de años se degustan ahora a kilómetros y kilómetros en el Hay Festival, un encuentro cultural (el “Woodstock de la mente” lo llamó Bill Clinton) que actualmente se desarrolla no sólo en el pueblo de Gales sino también en otras ciudades del mundo, como Segovia.
En la villa castellana hierve en estos días (entre el 18 y el 26) el caldero donde se cuecen los ingredientes mágicos: literatura, arte, fotografía, diálogo, intercambio, debate. Por sus callejuelas centenarias y sus plazuelas rezumantes de historia y vida, a la vuelta de cualquier esquina aparece un literato, un poeta venido de la otra esquina del planeta, un laboratorio de periodismo multimedia en directo propiciado por ABC, o un fotógrafo, como Daniel Mordzinski, siempre genial testigo de excepción.
Por la calle de los Desamparados, en cuyo número 5 estaba la pensión en la que vivió Antonio Machado suben y bajan los turistas, y hasta los japoneses hacen camino al andar con la Nikon en la mano. Las frutas y verduras lucen y relucen en el mercadillo de la Plaza Mayor y en lugares de leyenda como La Alhóndiga, la Capilla del Museo Esteban Vicente, el torreón de Lozoya, la Academia de San Quirce, la Plaza del Azoguejo, la Casa de los Picos, la Iglesia de San Juan de los Caballeros, el saber ocupa lugar.
En el Esteban Vicente el público puede hartarse de “Besos” la simpática videoexposición montada con material de la Agencia Efe. Un poco más allá puede estar Geoffrey Parker, dándole vueltas a la Historia, o puede estar Antonio Muñoz Molina charlando con Justo Serna sobre su última novela, o Lobo Antunes, o David Trueba, o Clara Sánchez, o Ángeles Caso, o Félix Romeo, o puede aparecer Ricardo Martín, uno de los fotógrafos de más reconocida trayectoria que se ha traído hasta el Hay Festival una exposición de una impactante e insólita belleza: “Sostener la mirada”, que nació de un viaje a Las Alpujarras, a la tierra de su infancia.
El propio Muñoz Molina escribió el texto que acompaña a la muestra tras ver las diapos que Ricardo le mandó a Virginia, donde el escritor se encontraba entonces, año 1993. “La mayoría de las caras y hasta los lugares que fotografié ya han dejado de existir –recuerda el fotógrafo-, pero quizá sea el paso del tiempo el que le da un valor aún más notable a la fotografía”.
Las fotos de Ricardo descubren un mundo casi remoto, desconocido, apenas a un paso de nuestro moderno entorno. Los hombres y mujeres rescatados del olvido por Ricardo Martín son gente sencilla, gente de pueblo, gente normal, pero todos con su particularísima historia a cuestas. Realismo, pero con mucho de mágico, porque Ricardo sabe y lo demuestra “que muchas veces lo más exótico es lo más cercano, tan sólo es cuestión de elección de la mirada, a menudo lo más sorprendente está muy cerca de ti”. El fuego de la palabra y de la vida que se encendió en aquella aldea galesa se ha propagado por el mundo. En Segovia, la cosa está que arde.
Un festín cultural
Sin duda, si el Hay se celebrase en una ciudad descomunal la historia no sería la misma. Pero Segovia juega con ventaja. Si sus piedras hablaran estaría más que satisfechas. Si sus centenarios muros y su milenario Acueducto alzaran la voz estarían tan contentos como los segovianos.
En los bares, en los hoteles, en la Plaza Mayor, a la puerta de la Catedral, el Hay Festival está en boca de todos, y está siempre al alcance de la mano. O de las piernas. Porque es un placer ir de cita en cita cultural andando, casi sin ser molestado por los coches.
El Hay también es eso, siempre ha querido ser eso, un festejo y una celebración culturales pero cercana al corazón de la gente, salvando todas esas distancias que a menudo surgen entre el hombre de la calle y la cultura. Todo es cómodo, accesible, todas las puertas están abiertas.
Aquí no hay limusinas ni cristales ahumados. Las mejores palabras vuelan por las callejuelas de esta villa castellana. La conversación, el diálogo, el entendimiento, la poesía y la creación se codean con los pinchos de los bares, con el olor a cochinillo que sube hasta el centro de la ciudad desde el Mesón de Cándido. Segovia es un festín cultural.
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