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La inmigración rompe la izquierda

Junto a la izquierda, desarmada ideológicamente ante los principales retos de las sociedades europeas, como la inmigración, la segunda víctima de esta crisis ha sido la propia Unión Europea

Día 18/09/2010
EL apoyo explícito y directo de José Luis Rodríguez Zapatero a la repatriación de gitanos rumanos emprendida por el Gobierno de Nicolas Sarkozy ha dejado estupefacta a la izquierda española, que se encuentra de nuevo ante otra contradicción insuperable entre la realidad y sus principios. Así es como, a día de hoy, el socialismo español aprueba recortes en prestaciones sociales, abarata el despido y congela pensiones, asumiendo la finitud del Estado de bienestar y la necesidad de limitar el gasto público. Con su respaldo a Sarkozy, Zapatero ha sumado a esta descolocación ideológica de la izquierda un súbito giro en materia migratoria, cuando no hace muchos años su Gobierno puso en marcha una legalización masiva de inmigrantes que provocó la alarma en Bruselas y la protesta de varios socios europeos. En un nuevo golpe de péndulo, Zapatero ha hecho renunciar al socialismo español a su propaganda multiculturalista y seráfica sobre la inmigración.
No es, en absoluto, criticable que apoye a Nicolas Sarkozy, sino que desdoble sus mensajes, diciendo en Bruselas o París lo contrario de lo que defiende, o defendía, en España. Porque, al margen de la incongruencia permanente en la que se halla la izquierda española, lo cierto es que el debate sobre la repatriación de gitanos rumanos ha puesto sobre la mesa unos diagnósticos que no son nuevos, pero que no terminan de cuajar en un tratamiento coherente. La valoración que merece la política francesa de repatriación no puede sustentarse en el sentimentalismo, ni en los desbarros dialécticos de la comisaria de Justicia, Viviane Reding. Se ha suscitado un importante debate sobre la libertad de movimiento dentro de la Unión Europea, pero sería un error de enfoque culpar al Gobierno francés. El problema es previo a la decisión de repatriar gitanos rumanos y tiene que ver con el voluntarismo aplicado a los últimos procesos de ampliación de la Unión Europea y con la lógica preeminencia de las políticas internas en asuntos de seguridad interior o cohesión social. En este sentido, la comisaria Reding ha contraído la grave responsabilidad de provocar una polémica sin medir sus fuerzas y que, al final, ha exhibido la debilidad política de Bruselas frente a los grandes Estados europeos. Junto a la izquierda, desarmada ideológicamente ante los principales retos de las sociedades europeas, como la crisis y la inmigración, la segunda víctima de esta crisis ha sido la propia Unión Europea, retratada nuevamente como una conjunción inestable de intereses nacionales sometidos a decisiones de conveniencia interna.
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