El presidente del PP no quiso alimentar ayer el fuego encendido por Marruecos en protesta por su visita a Melilla. «Me desplazo con normalidad por el territorio nacional», señaló sin querer responder a la carta en la que el primer ministro de Marruecos calificó su viaje de «provocación». «Debemos cultivar lo mucho que nos une y no lo poco que nos separa», añadió. Tan prudente fue Rajoy que su intervención fue alabada por Rodríguez Zapatero desde Bruselas.
El líder popular, que no se acercó al paso fronterizo, llegó al centro de la ciudad entre gritos de «¡presidente!», «¡gracias por venir!» y hasta «¡guapo!» cuando entraba a tomar un café en el mismo lugar en el que lo hizo Aznar el pasado 18 de agosto.
Rajoy, que en junio estuvo por última vez en Melilla sin que entonces Rabat protestara, atravesó a pie varias arterias acercándose a saludar a los viandantes, a fotografiarse con ellos y a escuchar sus comentarios, siempre acompañado del presidente de la ciudad, el también popular Juan José Imbroda.
«Salúdalo, salúdalo», le decía un fotógrafo local a todo aquel que se cruzaba con la comitiva, especialmente si iba vestido con chilaba. El reportero, como muchos de los presentes, buscaba alguna imagen de Rajoy con un toque moruno.
Fue enfilando ya los últimos metros antes de llegar a la plaza de España cuando una mujer lanzó desde su vehículo un «¡fuera!» que hizo girar las cabezas a muchos al escucharlo. «¡Vete para tu tierra!», fue la respuesta de una de las presonas que seguía al líder del PP dando a entender que el grito había venido de un marroquí.
El reloj bordeaba ya la una de la tarde cuando Rajoy accedía al Palacio de la Asamblea. A unos tres kilómetros de allí, el principal paso fronterizo de la Ciudad Autnónoma con Marruecos era ya escenario de una manifestación de protesta por su viaje a la ciudad norteafricana.
La habían convocado los mismos que a lo largo del pasado agosto habían bloqueado el paso de mercancías desde el país vecino por considerar que la Policía española es «racista». Habían instalado tres pancartas con un montaje fotográfico con Aznar, Rajoy e Imbroda en un basurero.
Entre activistas de diferentes organizaciones y partidos, niños con banderas y agentes de paisano que tomaban nota, grababan y hacían fotos eran unas 70 personas, que se hacían acompañar también de la imagen de Mohamed VI, presente en un cartel.
Todos se habían apostado delante del control de acceso a territorio español, a cinco metros de donde una docena de agentes antidisturbios de la Policía Nacional observaban y escuchaban sin inmutarse. «Si paso me crucifican», dijo a ABC con una sonrisa delante de los policías Said Chramti, uno de los cabecillas de la protesta, que está en búsqueda y captura por la Justicia española.
«Desde este momento, si vuelve otro dirigente del PP a Melilla bloquearemos todo», amenazó en declaraciones a este corresponsal Abdelmounaim Chouki, otro activista que aparentaba mandar más en la frontera que los policías y aduaneros marroquíes que pululaban a su lado.
Los responsables de la protesta habían colocado altavoces desde donde salían a un volumen propio de discoteca cánticos que arengaban el ardor patriótico marroquí y recordaban la Marcha Verde. El himno de Marruecos sonó al terminar la protesta mientras al otro lado de la frontera Rajoy almorzaba en el restaurante «Quinto Pino» antes de regresar a Madrid tras cuatro horas en la ciudad española.




